¿Es necesariamente malo incurrir en déficit del estado?

14 feb. 2012

Imagen: procsilas

Escuchamos continuamente en los medios de comunicación la palabra déficit, y normalmente se asocia con noticias económicas que no suelen ser buenas. Y no es para menos, ya que déficit no quiere decir otra cosa que los gastos efectuados durante un período que suele ser anual superan a los ingresos, que normalmente se mide en porcentaje sobre el PIB de un país.

Al contrario de lo que podría parecer, hablar de déficit de un país, no es hablar necesariamente de una variable negativa. En muchas ocasiones sí que es cierto que el déficit es un problema, pero en muchos otros casos quizá hablemos de algo excepcional que sirva para reactivar la economía.

Ya habíamos hablado de Keynes como uno de los economistas cuyas teorías más han influido en la economía del pasado Siglo XX. En concreto, decíamos que una de las formas de estimular la demanda que Keynes propuso era mediante el gasto público. Con esto se producía un efecto multiplicador que al final convergía en una situación de  pleno empleo.

Conceptos técnicos aparte, un gasto público en el que no hay equilibrio por los ingresos recibidos provoca situaciones de desequilibrio en las que se producen déficit, o como dijimos situaciones en las que los gastos son superiores a los ingresos. Por tanto, en este caso incurrir en situaciones de déficit no es necesariamente malo, porque repercutirá en la economía de un país más adelante, siempre y cuando estas situaciones se produzcan con carácter temporal para arreglar desequilibrios en situaciones de crisis, y nunca de forma desbocada.

Imagínate un país que está en una situación de superávit de sus cuentas corrientes de un 2% con respecto a su PIB. Esto quiere decir que la cantidad de ingresos obtenidos en un año deducidos los gastos han sido de un 2% del PIB de ese año. En un momento dado, y debido a una grave crisis, decide emprender la construcción de infraestructuras públicas, contratando para ello los servicios de empresas privadas. Al haber empezado estas infraestructuras, los gastos serán mayores, y al no haber ingresado más dinero via impuestos por ejemplo, se se utilizará el remanente obtenido (superávit).

Si utilizando ese remantente del país (superávit del 2%), y aún no se ha arreglado el problema de paro del país, se procederá a utilizar más cantidad de gasto público en nuevas infraestructuras, por lo que al final entraremos en situación de déficit estatal. Pero como dijimos esto no es necesariamente malo. Las empresas contratadas por el estado emplearán a más trabajadores, por lo que el estado ingresará más porque estos cotizarán a la seguridad social y pagarán impuestos en concepto de IRPF. Además, consumirán más, lo que hará que paguen IVA y que las empresas tengan mayor trabajo, y por tanto se crearán nuevos puestos de trabajo, y continua el ciclo hasta llegar a una situación mejor de empleo, y también de mejoría de cuentas públicas.

Es lo que se llama el multiplicador keynesiano, y aunque es algo más complejo que esto que hemos expuesto, y en ciertos momentos no tendrá el efecto deseado, da una idea que que incurrir en situaciones temporales de déficit no es necesariamente malo. De todos modos, hay que tener mucho cuidado con esto, ya que altas tasas de déficit pueden llevar al estado a la suspensión de pagos. España dentro de Europa lo tiene más difícil para incurrir en este tipo de situaciones, ya que tiene un compromiso de déficit que hacer frente; pero esto ya será harina de otro artículo.

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