La importancia de las instituciones no confiscatorias: el caso de las dos Coreas

29 may. 2012

Tras la rendición de Japón en 1945, Corea adquirió formalmente su independencia, pero quedó dividida por el paralelo 38 en dos zonas de ocupación: el ejercito soviético ocupó Corea del Norte, y el ejército estadounidense ocupó Corea del Sur. Los intentos por parte de los dos bandos de reclamar la jurisdicción de toda Corea desencadenaron la guerra de Corea, que duró desde 1950 hasta 1953. Después de la guerra, Corea quedó dividido formalmente en dos países: "República Democrática Popular de Corea", o Corea del Norte, y la "República de Corea", o Corea del sur.

Es llamativo la homogeneidad étnica y lingüística antes de la separación. El norte y el sur estaban básicamente habitados por el mismo pueblo, cultura y religión. Desde un punto de vista económico, el PIB per cápita (USD) era más o menos el mismo, alrededor de 700 dólares. Sin embargo, tan solo 50 años más tarde, el PIB per cápita en Corea del Sur era ¡¡Diez veces!! el PIB per cápita de Corea del Norte: ¡12.000 dólares frente a 1.110! ¿Por qué ha sucedido esto?


Por una parte, Corea del Sur se había integrado en la OCDE, el club de países ricos. Por otra, Corea del Norte vio como su PIB per cápita había disminuido a casi dos tercios de su máximo de 3.000 dólares y se enfrentaba a una gran hambruna. ¿Qué ocurrió exactamente? Las instituciones y la organización de la economía fueron espectacularmente diferentes durante ese periodo en el sur y en el norte. Corea del Sur se basó en una economía de mercado y capitalista, con una gran intervención estatal, pero también con la protección legal de los productores privados y la propiedad privada.

Mientras tanto, Corea del Sur basó su economía en la planificación central. Las industrias se nacionalizaron rápidamente, las pequeñas empresas y explotaciones agrícolas fueron obligadas a integrarse en grandes cooperativas, por lo que podían ser supervisadas por el Estado. No había ningún tipo de derecho de propiedad privada sobre los individuos. El resultado fue el declive del sector industrial y el hundimiento de la agricultura. La lección es triste, pero transparente: el que existan instituciones que garanticen los derechos de propiedad privada es muy importante para la economía de los países.

¿Por qué digo esto? A raíz de las últimas expropiaciones llevadas a cabo por algunos gobiernos latinoamericanos, con discursos populistas para ganarse el fervor popular, convendría pararse a pensar en las instituciones. Parece que un PIB per cápita elevado está relacionado con una alta protección contra el riesgo de expropiación por parte de las instituciones. ¿Qué significa esto en la práctica? un buen sistema político en el que las autoridades no pueden expropiar o confiscar las propiedades de los ciudadanos. Significa un buen sistema judicial en el que las discrepancias puedan resolverse de manera eficiente y rápida. Significa leyes que prohíban información privilegiada en bolsas de valores. Significa unas leyes de patentes bien expresadas para que exista un incentivo al I+D. Significa unas buenas leyes contra el monopolio.

Parece algo sencillo, pero no es tanto. La tentación de nacionalizar empresas con las que aprovechar los recursos del país, y por tanto, ganarse el fervor popular, es mucho más grande que el hecho de garantizar la seguridad jurídica en el país. Pero esto hace precisamente que casualmente sean estos mismos estados los que cuentan con un PIB per cápita más bajo. También es cierto que esto es un círculo virtuoso; cuando los países son más pobres, más difícil es contar con un buen sistema judicial y una buena defensa. Todo pasa por garantizar ciertos derechos a los ciudadanos, además de las empresas.

Fuente: Daron Acemoglu, "Understanding Institutions" Kionel Robbins Lectures, 2004.

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