La situación en España es más preocupante de lo que parece. ¿Por qué hemos llegado a esta situación?

10 jun. 2012

El otro día uno de los lectores de este blog me preguntaba en mi página de Facebook por qué se estaban produciendo estos recortes tan salvajes, y por que se recortan más unas partidas que otras. Desde luego, no es una pregunta de fácil respuesta, y desde luego tiene numerosos puntos de vista, sobre todo para explicar a la gente por qué nos recortan servicios públicos básicos en lugar de otros gastos, a priori, más prescindibles. De todos modos, un análisis sobre la situación actual de España nos llevaría varias semanas explicarlo en detalle, por lo que voy a intentar resumirlo. 

En primer lugar, tengamos en cuenta el carácter estructural de nuestra economía. Una economía basada en el ladrillo durante mucho tiempo, tanto que llegó a suponer casi el 40% del PIB del total del país. Si bien es cierto que una economía no puede basar su estructura productiva tan solo en un sector, no menos cierto es que este sector hizo que nuestro país creciera de manera sostenida durante varios años. Cuando finalmente estalló la burbuja inmobiliaria en el año 2008, muchas constructoras quebraron, lo que destruyó una gran cantidad de puestos de trabajo, tanto de empleos directos como indirectos, lo cual tuvo un doble efecto negativo en las cuentas públicas: por un lado, el estado dejó de ingresar los impuestos de la renta y las cotizaciones sociales, y por otro lado, gasto público para garantizar las prestaciones por desempleo.

Una de las causas del desarrollo tan bestial que tuvo la construcción en España fue la concesión indiscriminada de préstamos por parte de la banca. Las entidades financieras comenzaron a otorgar crédito a familias que sabían que no podrían pagarlo, y condicionaron la capacidad de ahorro de las mismas, ya que en muchas ocasiones, el único instrumento de ahorro que tenían era precisamente el poder tener una vivienda en propiedad. El resultado ya lo conocemos: aumento exponencial de la tasa de morosidad, una gran cantidad de desahucios, y muchas familias endeudadas de por vida, así como un sistema financiero con balances insostenibles, lo cual obliga al estado a inyectar grandes cantidades de dinero para salvar la banca. 

En tercer lugar, las políticas populistas de cualquier gobierno en situaciones de bonanza económica son realmente nefastas para la economía de un país, máxime si tenemos en cuenta el propio carácter estructural del país. El superávit presupuestario alcanzado en 2007 hizo que el Gobierno de Zapatero emprendiera una política de aumento de gasto público sin contraprestación en los ingresos públicos; en palabras llanas, se empezó a gastar lo que no se tenía. Incluso, Zapatero aumentó los subsidios por desempleo a parados de larga duración, y redujo en 400 euros la cantidad a pagar por IRPF. 

Por tanto, el mayor problema ha sido que todos nos hemos apuntado a la fiesta. Pero esta fiesta es realmente lo que nos hizo crecer de esa manera durante el período de tiempo que va desde 1996 hasta 2008, y de aquellos barros estos lodos. Pero, ¿qué va a ocurrir a partir de ahora?

La situación actual en España


Pero toda fiesta se paga con una buena resaca. Y precisamente, en esa resaca nos encontramos ahora mismo. Cuando España entró a formar parte de la Unidad Económica y Monetaria y adoptó el euro como moneda de curso legal, asumió unos compromisos de déficit dentro del marco del pacto de estabilidad y crecimiento de la zona euro. Básicamente, este acuerdo obliga a los países miembros a fijar un compromiso de déficit pactado de antemano, con mínimas desviaciones. En 2012, el compromiso de déficit pactado es del 5,8%, desde el 8,5% que se partía, lo que obliga a hacer un ajuste enorme de las cuentas públicas de unos 30.000 millones de euros. Es decir, un aumento considerable de ingresos acompañados de recortes en algunas partidas que financiaban ciertos servicios públicos, que ponen a la población de un país en pie de guerra.

Pero, ¿porqué recortar unas partidas que suponen servicios públicos básicos e impopulares, como educación o sanidad, y no otras, como defensa? Hagamos una analogía con lo que pasaría con una empresa o una familia. Si una empresa no paga a sus acreedores, o una familia no paga las deudas contraídas, como por ejemplo la hipoteca, automáticamente entrarán en suspensión de pagos, al declararse insolvente. Lo mismo sucede con el estado, y precisamente es lo que está sucediendo con países como Grecia. La incapacidad de un país para hacer frente a los pagos pendientes redunda en mayor rentabilidad exigida por parte de los inversores, aumento de la prima de riesgo y de los intereses a pagar. En una situación extrema, los mercados dejarán de prestar al país por el enorme riesgo que asumirían, y tendría que entrar Europa a rescatarlos.

Precisamente, esto es lo que ocurre con partidas como defensa. La deuda contraída por este ministerio es de unos 26.000 millones de euros, dentro de un programa para modernizar la flota del ejército, y la más que posible incapacidad del propio ministerio para pagarlo hace que no se pueda disminuir el dinero destinado a esta partida, e incluso tenga que aumentarse.

Por otro lado, otra de las partidas más polémicas es la de la Iglesia, tanto por la vertiente de los gastos como de los ingresos. De entrada, me gustaría decir que no estoy en absoluto de acuerdo con que una institución u organismo reciba ningún tipo de subvención, ya sea iglesia, sindicatos, patronal, partidos políticos, etc. ya que en mi opinión deberían estar subvencionados con fondos provenientes de sus afiliados. Pero, críticas aparte, intentemos ser constructivos y pensar porqué ciertas instituciones reciben subvenciones del estado. En primer lugar, las subvenciones otorgadas a los agentes sociales (sindicatos y patronal) se justifican por la resolución de problemas sociales, básicamente los que se producen en las relaciones entre empresarios y trabajadores, canalizados a través de estas instituciones. Los sindicatos son los defensores de los trabajadores, y son necesarios para mantener una posición de igualdad entre los trabajadores y los empresarios.

De la misma manera, la Iglesia no paga el IBI. Muchos lo ven como un privilegio otorgado a esta institución desde la época franquista, pero en realidad no es así, ya que hay muchas otras entidades sin ánimo de lucro, como los partidos políticos, los sindicatos, las federaciones deportivas, mezquitas, etc. que también están exentas del pago de este impuesto en virtud de la ley 49/2002, denominada Ley del Mecenazgo, y de todos modos, la iglesia "solo" representa el 5% del total del IBI que goza de exención. Por poner un ejemplo, aplicar el IBI al edificio de la SGAE se podría llegar a recaudar 109 millones de euros, al margen de que supondría una discriminación respecto al resto de instituciones que gozan de exención. De cualquier manera, incluso aplicándole solo el impuesto a la Iglesia no se lograría recaudar lo suficiente para siquiera dejar de recortar en el resto de partidas.

La banca, el verdadero problema de la economía española


Pero, si hay un problema real y complicado para la economía española es el de la banca. La última quiebra de Bankia ha hecho saltar todas las alarmas acerca del sector financiero español. En 2009 se comenzó la reestructuración bancaria para tratar de reducir el número de entidades que operaban en nuestro país de 45 a 18 en una primera fase sin necesidad de ningún tipo de intervención pública. Tres años después, todos conocemos cuál ha sido el desenlace: CCM, CajaSur, CAM, Banco de Valencia, Catalunya Caixa y NovaCaixa Galicia fueron intervenidas o nacionalizadas, y sobre todo, Bankia (más concretamente su entidad matriz, Banco Financiero y de Ahorros) fue nacionalizada. Este último caso quizá haya sido el más sangrante,  ya que Bankia es la entidad más grande de España en cuanto a número de activos, y una eventual caída podría hacer caer todo el sistema financiero español y parte del económico. Una entidad sistémica en toda regla, la famosa "Too big To Fail".

Solo las necesidades de financiación de las últimas tres entidades mencionadas (Bankia, NCG y Catalunya Caixa) absorben un 75% de los 40.000 millones de Euros que apuntó el FMI en su último informe, y que ha hecho que España haya tenido que pedir formalmente el rescate al Eurogrupo. La experiencia del FROB ha sido un fracaso total, el papel regulador del Banco de España no ha funcionado, y el rescate bancario será pagado con los impuestos de los ciudadanos por un lado, y por el rescate por el otro, lo que llevará a España al abismo de los intereses de la deuda, que se convertirá en un problema estructural en el medio plazo.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? Las entidades bancarias comenzaron a otorgar préstamos a familias y empresas, todo ello animado por la expansión inmobiliaria, a personas de dudosa solvencia. Resultado: miles de préstamos fallidos, una tasa de morosidad sin precedentes, y numerosos activos en los balances de los bancos dudosos, los llamados activos tóxicos. La banca se encontró, de la noche a la mañana, con una cantidad enorme de bienes inmuebles valorados por encima del valor del mercado. Actualizar su valor supondría tener que reconocer una gran cantidad de pérdidas, y al parecer ninguna entidad está dispuesta a ello. El problema es que las entidades se encuentran sin ningún tipo de liquidez, y debido a esto el grifo del crédito está prácticamente cerrado. Ni siquiera la creación de dinero por parte del BCE, y la barra libre de liquidez ha ayudado a resolver el problema. En mi opinión, esto no es una solución. La solución real real pasa por obligar a las entidades a cumplir estrictamente el Plan General Contable "caiga quien caiga", es decir, actualizar el valor de los bienes inmuebles en balance y sacarlos a la venta, independientemente de las pérdidas que se produzcan.

Y es que todos estos problemas solo son el principio de años de crisis. La situación en España es muy preocupante, y más aun contando con el rescate que se ha producido ayer. La irresponsabilidad política en materia fiscal por el lado del gasto nos ha llevado a esta situación. ¿Serán capaces de sacarnos los mismos de esta? En mi opinión, no sin efectos sobre los ciudadanos, que ya estamos notando, pero que se agravarán aun más si cabe.

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