¿En qué consiste la monetización de deuda?

20 dic. 2012

Nos estamos acostumbrando a escuchar y leer en los medios de comunicación conceptos económicos y financieros que antes nos resultaban completamente desconocidos. Las crisis tienen estas cosas, cada vez nos interesamos y preocupamos más y más por entender a los analistas y su, en ocasiones,  difícil lenguaje técnico. En este caso, vamos a explicar en qué consiste la monetización de deuda.

En este mismo blog hemos explicado que los estados tienen dos formas principales de financiarse: o bien mediante los impuestos o bien mediante la deuda pública. Renunciar a una parte de cada una de estas posibilidades supone tener que compensar la otra si queremos mantener el mismo nivel de gasto público. Está claro cómo gestiona un estado los impuestos: se suben o se bajan en función de la actividad económica y de las necesidades de financiación que tenga el país en cuestión.

Pero quizá la manera de gestionar la deuda pública no esté tan clara. Suele haber dos formas: la primera y más evidente es colocarla entre los inversionistas privados, con la promesa de devolver el principal junto con los intereses pactados en un plazo establecido. En situaciones normales, esta es la opción a la que recurren la mayoría de los estados para financiarse mediante deuda pública: los inversores confían en los estados por ser las inversiones más seguras que existen, por lo que la rentabilidad de los bonos no suele ser muy elevada y, por tanto, la financiación externa suele ser barata. 

El problema viene cuando los estados ya no tienen tanta capacidad de pago. Los inversores comienzan a desconfiar de que sea una inversión segura y exigen a los estados pagar un sobreprecio por la deuda pública que les proteja contra el riesgo (la famosa prima de riesgo). En estos casos, el coste de la financiación puede llegar a ser tan insostenible que el Estado ha de recurrir a otras posibles vías para colocar esta deuda pública. Y es aquí donde juega un papel importante el Banco Central, monetizando la deuda pública. Pero, ¿qué es esto de monetizar?

Monetizar la deuda no es más que pedir al Banco Central, que suele ser la institución que tiene el monopolio de emisión de moneda, que imprima tanto dinero como sea necesario para cubrir el déficit estatal de un determinado año. Este modelo ahorra costes de financiación al estado, debido a que la función del Banco Central no es colocar sus fondos para rentabilizar una inversión en renta fija, si no más bien la canalización de ese nuevo dinero creado para la compra de bonos que, en muchos casos, puede ser incluso gratuita. Esto es lo que ha sucedido, por ejemplo, con las flexibilizaciones cuantitativas (QEs) que se han llevado a cabo en algunos países como Estados Unidos o Japón, o las compras de bonos y LTRO del BCE con alguno de los países de la zona euro.

Pero, si los costes de la deuda son bajos y, en algunos casos incluso nulos, ¿por qué no monetizar toda la deuda y así evitamos estos costes? El hecho de que la base monetaria sea mayor hace que el valor de los billetes en circulación sea tanto menor cuanto más dinero se emita, lo que en principio tiene dos efectos negativos: por un lado, el nivel general de precios internos del país aumenta, dando lugar a una fuerte inflación y, por otra, el tipo de cambio de la moneda se habrá depreciado en extremo. Si el banco central continúa prestándole al Gobierno, al final su divisa poseerá un valor despreciable y no servirá ni para adquirir los productos y servicios dentro del país ni fuera de él.

Es por esto por lo que la monetización de deuda es un poderoso instrumento para financiar a los países, pero a la vez peligroso. Yo no soy partidario en absoluto de emplear la monetización de deuda, incluso en aquellas ocasiones en las que haya problemas de financiación. En caso de emitir deuda, hay que reducir el déficit para dar la sensación de ser un país serio y que no atraviesa problemas de liquidez y que puede afrontar los pagos. Y eso pasa por reducir el gasto público. No hay más remedio. 

El problema de los bancos no son las hipotecas, es el crédito promotor

4 dic. 2012

Desde los años sesenta del pasado siglo, el sector inmobiliario y de la construcción ha sido extremadamente sensible a los ciclos económicos. Es más, en gran medida es sector que ha impulsado la economía en momentos de expansión o haciéndola entrar en recesión cuando ya no es posible que el sector inmobiliario tire más de la economía. El motivo por el cual sucede esto es por la alta demanda de viviendas en períodos de expansión, alimentada por la enorme concesión de créditos por parte de los bancos comerciales, sobre todo a dos agentes: por un lado los ciudadanos que querían adquirir las viviendas y por otro, los promotores que querían financiar su promoción inmobiliaria, el verdadero problema del sistema financiero español.

De hecho, si echamos un vistazo a los datos de la tasa de morosidad de las entidades financieras , nos daremos cuenta de la verdadera magnitud del problema. A 31 de Diciembre de 2011 la tasa de morosidad, que la relación entre el saldo de los créditos morosos o impagados y el saldo de los créditos normales, de los préstamos promotor se elevaban al 20,9%, la del crédito constructor a 17,7% y la del crédito al comprador de vivienda tan "solo" al 2,8%. Sin embargo, aquí no acaba la cosa y durante el primer semestre del año la tasa de morosidad del crédito promotor se sitúo en el 27,4%, mientras la tasa de morosidad de las hipotecas es tan solo de un 3,17%. Parece evidente que el aceleramiento del problema se encuentra en los créditos promotor y no tanto en los créditos para la compra de vivienda.

Pero, el problema va a hacerse más grave durante el año que viene. En los últimos días, y merced al rescate de la banca por parte de Europa, las entidades nacionalizadas tendrán que deshacerse paulatinamente de su cartera de créditos a promotoras, prohibiendo la reestructuración de estos créditos y aumentando por tanto el número de créditos impagados por parte de las empresas promotoras y constructoras. No sabemos dónde puede estar el límite, pero de mantenerse esta tendencia, los créditos impagados podrían alcanzar los 200.000 millones de euros.

Todo ello sin contar con que las entidades nacionalizadas (Bankia, Banco de Valencia, Catalunya Caixa y NovaCaixa Galicia) van a tener que desprenderse paulatinamente de su cartera de créditos a promotores, lo que sin duda aumentará aún más si cabe este problema. La bola se va a ir haciendo cada vez más grande y será muy difícil pararla. Cuando nos dicen que tenemos un problema enorme de deuda en el sector de la construcción llevan razón, pero no en el sector de créditos a particulares para la compra de primera vivienda, si no más bien en el crédito promotor.

 
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