Las claves de la economía española en 2013

31 dic. 2013

El año 2013 toca a su fin y toca hacer balance económico y financiero de lo que ha ido aconteciendo a lo largo de los últimos 12 meses. Un año de nuevo muy complicado pero en el que se han dado los primeros pasos de la recuperación económica. No en vano, España ya ha salido técnicamente de la recesión, al haber crecido el PIB un 0,1% en el último trimestre del año, según datos del Instituto Nacional de Estadística confirmado poco después el Banco de España.

Además, los mercados dieron un respiro a la prima de riesgo. El pasado 11 de Septiembre, el riesgo país se situaba en 250 puntos básicos, por debajo del italiano por primera vez desde 2012, donde España había alcanzado una cota que hacía que tuviésemos que plantearnos el rescate, puesto que la prima de riesgo superaba ampliamente los 600 puntos básicos en muchos momentos del verano. 

En el ámbito financiero, toca destacar de nuevo el saneamiento del sistema financiero en general y de Bankia en particular. El agujero patrimonial de la entidad financiera ascendió en Abril de este año a 14.593 millones de euros, según el FROB, que atribuyó a la entidad un valor negativo de 4.148 millones de euros. Sin embargo, el largo y complejo proceso de su recapitalización ha saneado en parte las cuentas de la misma, y Bankia ha retornado al selectivo IBEX 35.

De hecho, es la propia entidad financiera Bankia la que más relación ha tenido con las  participaciones preferentes, un grave problema que no tiene visos de terminar. De hecho, el Gobierno impulsó un sistema de arbitraje para que los preferentistas pudiesen recuperar buena parte de sus ahorros. Se estima que, una vez termine este proceso, dos de cada cinco personas afectadas por la estafa de las preferentes recuperarán su dinero.

2013 también pasará a la historia en España como el año en el que se han producido buena parte de los concursos de acreedores de las grandes y emblemáticas empresas españolas. Empresas como Pescanova, Zinkia, Fagor o Panrico, entre muchas otras, están atravesando graves dificultades económicas para mantenerse, mientras que los concursos de acreedores de las pymes se han disparado un 700% desde el inicio de la crisis, allá por el año 2007. De lo que no cabe duda es de que las más perjudicadas de la crisis financiera son las empresas.

Desde el punto de vista energético, el año que termina no ha podido ser más polémico. Durante el año, la tarifa eléctrica ha aumentado en cuatro ocasiones y ha bajado en una, y el déficit de tarifa sigue arrojando sombras de duda sobre un sector estratégico para la economía. El último episodio entre Industria y las eléctricas tuvo lugar con la invalidación por parte de la CNMC de la última subasta eléctrica, que amenzaba con un aumento en el recibo de la luz de un 11% para Enero.

La nota positiva a este 2013 la han puesto las exportaciones y el turismo. Las primeras han aumentado de manera sorprendente en el último año y se han convertido en el gran motor de la economía española. Entre Enero y Septiembre, las ventas al exterior crecieron un 6,8% y alcanzaron un nuevo máximo histórico 175.143 millones de euros, provocando el superavit en la balanza comercial por primera vez desde hace más de 15 años. Por otro lado, el número de turistas que han visitado España se disparó hasta los 54,3 millones, un 4,8% más que el año pasado y la cifra más alta de toda la historia. Hay que decir que el éxodo de turistas hacia nuestro país tiene mucho que ver con las tensiones políticas que se han vivido en buena parte de los países del Magreb y Turquía. 

Estas han sido, a mi juicio, las claves de la economía española en este año que dejamos atrás. 2014 debería ser, desde el punto de vista de numerosos analistas económicos y del propio Gobierno, el año de la recuperación. Y aquí estaré para contároslo el año que viene.

¿Recuperación en España? Fedea lo pone en duda

23 dic. 2013

A pesar de los mensajes esperanzadores que nos sigue lanzando el Gobierno acerca de una eventual recuperación en España, los indicadores económicos más importantes ponen en duda los brotes verdes. De hecho, según un análisis de FEDEA, tan solo las exportaciones se están comportando de manera positiva y, yo diría, hasta sorprendente.

Sin embargo, los principales indicadores económicos ponen en duda que la recuperación económica esté en marcha. Ya hemos tocado fondo, sin duda, pero la recuperación todavía es débil o, incluso, inexistente. Los principales indicadores nos muestran esta tendencia:




De este tema y de otros, hablamos en una nueva edición de El Rey de Oros:


El extraño austericidio

3 dic. 2013

La solución a la hiperinflación la tiene… Nicolás Maduro

21 nov. 2013

Hoy, en mi blog personal, hago un pequeño análisis de la situación actual en Venezuela y de por qué la decisión de decretar la reducción de precios es siempre una mala idea.

Pongámonos en contexto: Venezuela, república bolivariana tomada como referencia por numerosos colectivos de izquierdas como ejemplo a seguir para solucionar las crisis económicas y obtener la tan ansiada solución a los problemas de desigualdad que el capitalismo no es capaz de solucionar. Para conseguir este objetivo, y también en parte para conseguir ganar las elecciones, el Gobierno ha repartido una gran cantidad de dinero entre sectores que identifica como su base electoral, garantizándoles bienes básicos (en muchas ocasiones, no tanto) de los que pueden disfrutar: una casa bien equipada, aumentos a los militares o, por qué no, una televisión de plasma a cada ciudadano.
Este hecho hizo que el gasto público aumentara hasta niveles nunca vistos con anterioridad, hasta situar el déficit público en el 10,36% del PIB y obligando al Banco Central de Venezuela a tener que monetizar todo este déficit mediante la impresión acelerada de dinero, en este caso, de bolívares, y situando la inflación anual en torno al 50%. Es decir, la política fiscal y monetaria del régimen de Chávez, personificado en este momento en la persona de Nicolás Maduro, está llevando a Venezuela al desastre económico, expoliando los ahorros de los venezolanos y distorsionando las decisiones de inversión de los empresarios.

Hiperinflación en Venezuela, matemáticas en Bachillerato y Combo de Bancos Centrales

19 nov. 2013

¿Es la hiperinflación en Venezuela consecuencia de la avaricia de los especuladores norteamericanos, tal y como nos dice su presidente, Maduro? ¿O es más bien consecuencia de los continuos déficits y aumento de masa monetaria? Independientemente de las causas de este grave problema económico, al presidente de Venezuela no se le ha ocurrido otra cosa que combatir la inflación mediante la fijación de precios públicos, obligando a algunas cadenas a establecer descuentos del 50% al 70% en el precio de algunos productos. Y no hablamos de productos de primera necesidad precisamente.

¿Latín o matemáticas? esta es la pregunta que nos plantean desde el blog Nada es Gratis de Fedea, a raíz de las últimas enmiendas introducidas en la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Estas enmiendas de última hora implican que las asignaturas de Latín (I y II), troncales hasta ahora en el Bachillerato de Humanidades, serán obligatorias para todos los alumnos de Ciencias Sociales, pasando a ser las matemáticas optativas. Nos preguntamos, ¿puede un alumno de económicas tener una base de conocimiento adecuado sin haber cursado matemáticas previamente?

Por último, vamos con un Combo de Bancos Centrales; en concreto, hablaremos de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo, aunque por diferentes motivos. La próxima presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, ha confirmado que continuará con las políticas expansivas de su precedesor, Ben Bernanke. Además, nos preguntamos si la bajada de tipos del BCE la semana pasada fue motivada por el pobre crecimiento que ha tenido la economía de la zona Euro en el último trimestre del año y comentaremos si estas políticas, convencionales o no, expansivas de los Bancos Centrales pueden sostenerse en el tiempo. 

¿Es necesariamente malo que bajen los precios de una economía?

12 nov. 2013

Basándome en un artículo publicado por A. Gary Shilling en Bloomberg, he publicado en mi blog personal un artículo relacionado con la deflación, y más concretamente distinguiendo entre la deflación que "buena" y la deflación "mala", o bien la que se produce desde el lado de la oferta y la que se produce desde el lado de la demanda, respectivamente.

La primera de ellas, la deflación buena, es consecuencia de una mejora en la productividad de los factores de producción resultado, por ejemplo, de una mejora tecnológica, por ejemplo, que aumenta la oferta por encima de la demanda, reduciendo de esta manera el precio del producto. Por ejemplo, en la época de la Revolución Industrial, se produjo no solo una mejora tecnológica, sino un cambio en el paradigma del transporte, que aumentó la productividad de los países, en especial de los anglosajones, haciendo que el PIB creciese un 4,5% entre 1870 y 1898, mientras que el precio de los bienes y servicios descendía un 34% en ese período.

Por otro lado, la deflación mala se produce por una insuficiente demanda con respecto a la oferta de bienes y servicios, fenómeno que se está produciendo en la actualidad. Esta deflación puede ser consecuencia de un elevado nivel de deuda contraída, que hace que los agentes económicos (familias y empresas) tengan que amortizar sus deudas de manera urgente, lo que hace que se reduzca el gasto y, por tanto, la demanda. Además, las familias tratan de liquidar precipitadamente sus activos para obtener recursos económicos, lo que hace que el precio del activo vendido guarde poca relación con el valor del mismo. En definitiva, la deflación producida por una insuficiente demanda puede acabar en un proceso de deuda deflación de difícil salida.

Desde luego, es importante esta distinción que desmonta en parte esa creencia generalizada de que la deflación es mala per se.  Desde luego, teniendo en cuenta la actual coyuntura económica en la que nos encontramos, la deflación es más perjudicial que beneficiosa, al aumentar la carga real de las deudas. 

Ahora bien, el argumento de que la deflación postpone decisiones de consumo de los individuos es poco menos que falaz; aún no conozco ningún individuo que esté pendiente de la evolución de la inflación para decidir qué compra y qué no compra. Parece más lógico que un individuo vaya consumiendo bienes y servicios a medida que los va necesitando y, como mucho, compare precios entre varios establecimientos para escoger el más barato; como bien explica Juan Ramón Rallo, quien retrasa el consumo, también retrasa la satisfacción de sus necesidades.

Nuevas subidas fiscales en Catalunya, cierre de Canal 9 y bajada de tipos del BCE

11 nov. 2013

Hoy hablaremos de la subida de impuestos y tasas que está planteando el Gobierno de la Generalitat, del cierre de Canal 9 y de la viabilidad y necesidad de medios de comunicación públicos y comentaremos la reducción de tipos de interés hasta el mínimo histórico del 0,25%.

El póker y las habilidades financieras


El juego online está en auge en todo el mundo y en nuestro país no podía ser menos. Desde que en junio de 2012 se reguló en España concediendo las primeras licencias por parte de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), sólo en los primeros 6 meses las cantidades jugadas se sitúan en 2.354 millones de euros, generados por las apuestas deportivas, póker, bingo y casino.

El póker es el más representativo de todos los sectores moviendo el 40% de este capital, con unos 952 millones en ese periodo, siendo la sala Pokerstars líder en el volumen de tráfico de jugadores. Sin duda el póker está de moda y es un área que no deja de crecer, convirtiéndose en un fascinante mundo que cada vez más personas quieren conocer, aunque para los amantes de la economía puede que sea un territorio más cercano de lo que creen.

La relación del póker con las finanzas es mucho más estrecha de lo que en un primer momento pudiéramos pensar. En ambos mundos toma una especial relevancia el empleo del capital, los riesgos, la intuición, el estudio del mercado. Pero para entender estos entresijos hay que tener en cuenta que al hablar de póker debemos diferenciar entre los numerosos jugadores que hacen de él un entretenimiento y  los que lo afrontan como su principal fuente de ingresos. Para estos últimos es imprescindible administrar con destreza su capital, así como colocarlo en el momento oportuno y en el lugar adecuado.

En algunas modalidades de póker como Texas Hold’em, el azar pierde terreno dando protagonismo a la astucia, a la estrategia. El conocimiento y la disciplina se imponen a la suerte. Mantener el temple y saber manejarse bajo presión es decisivo para tomar las decisiones adecuadas.

Cuando hablamos con jugadores profesionales, todos coinciden en que al comenzar a jugar de forma seria, una de las cuestiones más complicadas que te encuentras es aprender a manejar tu bankroll, o sea, la cantidad de dinero con que cuentas para dedicar al póker. Uno de los errores más comunes es asumir riesgos que superan nuestra capacidad económica. De la misma manera que en las finanzas, es imprescindible hacer un estudio detallado de nuestros recursos y de los gastos ineludibles que vamos a tener en un futuro cercano.

Debes estar preparado para ganar, pero sobre todo para perder. Al igual que en los negocios, algunas operaciones satisfactorias pueden darte una confianza desmedida y nublar tu buen juicio. Tener un buen plan ante la derrota es algo imprescindible porque en algún momento perderás, no lo dudes. Cuando inviertes un dinero en valores sabes que puedes multiplicarlo o perderlo. Debes tener la suficiente solvencia para afrontar lo segundo. Un buen manejo de nuestros fondos es decisivo para prolongar nuestra carrera y obtener ingresos estables.

Una de las cosas que destacan y que la mayoría de los mortales desconocen son las horas de trabajo que emplean en mejorar su juego, en depurar su estrategia a base de estudio. El conocimiento del mercado es decisivo. Conocer nuestra especialidad, nuestros rivales, nuestras debilidades. Todo ello nos ayudará en nuestras decisiones a la hora de asumir riesgos o retirarnos.

En ocasiones se nos presentarán operaciones poco convencionales. A veces ganar no significa necesariamente incrementar nuestra economía. En ocasiones incluso es necesario perder pequeñas batallas para provocar a corto o medio plazo un efecto contrario en nuestros ingresos. Nuestro instinto y entrenamiento será decisivo en esos casos.

¿Qué ocurre cuando se retiran los estímulos monetarios?

4 nov. 2013

En mi blog personal explico cuáles serían las consecuencias de una eventual retirada de los estímulos monetarios a partir de una gráfica proporcionada por GurusBlog.

Entrando en terreno deflacionario: ¿Es negativa esta situación?

31 oct. 2013

El Instituto Nacional de Estadística ha publicado en su último informe presentado ayer, el dato del indicador adelantado del IPC, que sitúa su variación interanual en el -0,1%. En palabras llanas, el nivel general de precios de productos de consumo es menor que hace un año lo cual, de confirmarse, confirmaría la tendencia negativa que acabaría en la temida deflación, que en muchos casos motivan y justifican políticas monetarias y fiscales muy agresivas.

La deflación provoca aumento del desempleo, menor consumo, recorte de inversiones y menor actividad, y puede conducir a dos espirales de muy difícil salida:

  • Por un lado, la deflación de precios por una caída de la demanda provoca un aumento del desempleo que, a su vez, redunda en un menor poder adquisitivo de las familias y, por tanto, en una menor demanda, lo que a su vez, provoca más desempleo, deflación y, por tanto, menor consumo.
  • Por otro lado, aumenta la carga real de las deudas, puesto que la deflación reduce el valor de los activos en el balance de las empresas y como el pasivo exigible no se pueden tocar, la deflación reduce el patrimonio neto empresarial, aumentando la carga de las deudas en relación con sus fondos propios y su capacidad de responder ante ellas. Es el fenómeno conocido como deuda-deflación.

Desde un punto de vista monetario, la deflación también se produce cuando existe una insuficiente cantidad de dinero con respecto a la producción, que puede producirse por dos motivos: retirada de dinero en circulación o aumento de la productividad de los factores de producción, por ejemplo por una mejora tecnológica. En estos casos, la deflación no solo no es mala sino que es positiva, ya que implica que está aumentando la productividad total de la economía y está haciendo aumentar valor a la moneda. En todo caso, el Banco Central se encarga de acomodar la suficiente cantidad de dinero a la economía como para que no se produzca deflación y el nivel de precios se mantenga constante o sostenido en el tiempo.

En esta ocasión, la deflación se produciría por la necesidad de las familias y empresas de completar el proceso de desapalancamiento, de reducir sus deudas contraídas. Las familias dejan de consumir para amortizar sus deudas, lo que provoca un descenso en la demanda y, por tanto, una caída en el precio de los productos. Esto, a su vez, incrementa la carga real de las deudas lo que provoca irremediablemente la espiral deuda deflación antes citada y los intentos por parte de Gobiernos y Bancos Centrales de evitar este problema, tratando de imprimir dinero o llevar a cabo políticas fiscales expansivas. La imperiosa necesidad de amortizar deudas, además, lleva  a muchas familias a tener que liquidar parte de los activos de manera precipitada, teniendo que asumir, en muchas ocasiones, un descuento bastante importante con respecto a su valor real.

Ahora bien, el proceso de desapalancamiento es un proceso necesario, ya que una de las principales causas de esta crisis ha sido el sobre-endeudamiento. La economía requiere de menor cantidad de deuda y, para solucionar este problema, la única solución es ir amortizándola poco a poco, a pesar de que el sector público no esté cumpliendo parte de su cometido. Las políticas monetarias expansivas mediante la impresión de mayor cantidad de dinero no hacen sino agravar los problemas, echando la pelota hacia delante y postergando las reformas

No obstante, parece que todavía no existe un riesgo real de deflación.Gobierno y analistas coinciden en que la caída de la inflación en el último año es una cuestión puntual, provocada por el efecto escalón de la bajada del IVA y de la subida de tasas universitarias el pasado año. De hecho, muchos de ellos coinciden en afirmar que la inflación ha tocado suelo y que, a partir de ahora, las cifras comenzarán a ser moderadamente positivas.


Doctrina Parot, el fin de la recesión y los datos de la EPA

28 oct. 2013

Hoy hablaremos de la derogación de la Doctrina Parot por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, los principales datos económicos de la semana y comentaremos la huelga sobre educación. Además,como cada semana, la sección #LET a cargo de Aitor Aizpitarte. 

El fin del cooperativismo, acuerdo en EEUU y la situación de la ciencia.

22 oct. 2013

Hoy, en nuestro programa semanal El Rey de Oros, hablamos de la situación tan difícil que está atravesando Fagor, perteneciente a la cooperativa Mondragón, que ha solicitado el preconcurso de acreedores para refinanciar sus deudas y del por qué de los problemas que están atravesando muchas empresas tradicionales españoles.

Además, hablaremos del acuerdo in extremis entre demócratas y republicanos para aumentar el techo de deuda y evitar, de esta manera, una eventual suspensión de pagos en Estados Unidos. Sin embargo, este aumento no constituye ninguna solución al problema ya que, el 7 de Febrero, si nada cambia, se tendrá que negociar un nuevo acuerdo para un nuevo aumento del techo de deuda. 

Por último, comentaremos la situación actual que está viviendo la ciencia en España con los impagos del CSIC, el recorte de recursos públicos destinados a i+d y las posibles soluciones desde el punto de vista privado para mejorar esta situación.

¿Por qué las personas ricas no tienen mucho dinero?

20 oct. 2013

Cuando hablamos de personas ricas, lo primero que se nos viene a la cabeza son personas con una cuenta bancaria compuesta por varios ceros. Es decir, pensamos que los ricos son ricos porque tienen mucho dinero. De hecho, una de las situaciones más repetidas en diversos puntos de la geografía española el día 22 de Diciembre (el día de la Lotería de Navidad) es un grupo de gente descorchando una botella de cava y celebrando que son ricos porque les ha tocado una millonada.
Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, esas personas siguen siendo igual de ricas o pobres que antes. Y, en realidad, es probable que cualquiera de nosotros tengamos más dinero que muchos ricos. ¿Me he vuelto loco? No, simplemente digo que el dinero no constituye ningún tipo de riqueza.

El dinero no es riqueza… aunque lo parezca

En líneas generales, las personas vemos el atesoramiento de grandes cantidades de dinero como la mejor manera de acumular riqueza. La clásica imagen del Tío Gilito bañándose en monedas de oro dentro de su cámara acorazada está bien grabada en nuestro imaginario colectivo. No en vano, el Tío Gilito se ha convertido, por méritos propios, en el personaje ficticio más rico del mundo. Sin embargo, dinero y riqueza son conceptos que, aunque parezcan sinónimos, tienen diferencias bastante sustanciales.
De hecho, el Tío Gilito no es rico porque haya almacenado en una cámara acorazada una cantidad de dinero que el resto de mortales ni siquiera podemos llegar a entender, sino, más bien, porque esas monedas son de oro y, por tanto, tienen un cierto valor intrínseco, y, además, por ser propietario de una de las compañías mineras de ficción más importantes del mundo. Es decir, el Tío Gilito es rico porque tiene acumulado patrimonio, pero no dinero, tal y como lo conocemos.
Es decir, una persona rica lo es porque posee activos que tienen un cierto valor intrínseco, más o menos estable en el tiempo. Por este motivo, el Tío Gilito es rico: posee monedas cuyo valor está establecido por el valor del oro y, además, posee mansiones, coches y hasta una de las compañías más grandes del mundo. Pero no porque tenga dinero.
Entonces, ¿por qué todos hablamos de dinero para refererirnos a la riqueza de una persona? ¿Por qué existe tal confusión? Para responder a esta pregunta, lo primero es saber qué es el dinero, qué funciones tiene y ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad, para qué se utiliza y qué evolución ha tenido a lo largo de la historia.

El dinero sirve para adquirir riqueza

La historia de la humanidad es la historia de los intercambios comerciales. En la antigüedad, se utilizaba el trueque para el intercambio de bienes. Una persona tenía una necesidad que no podía producir por sí misma, e intercambiaba bienes de su producción por otros que necesitaba. Sin embargo, este modo de intercambio era tan difícil ya que, ni siquiera en las ferias medievales era posible encontrar bienes que fuesen de nuestro agrado. Con el tiempo, y, especialmente, para salvar las dificultades que tenía el trueque a la hora de encontrar una contrapartida que satisficiera una necesidad, nació el dinero como medio de intercambio de bienes; en realidad, no siempre fueron monedas y billetes las que constituían ese bien intermedio, sino que se utilizó ganado, sal, trigo y, sobre todo, oro. La palabra dinero proviene del Denario, que es la denominación que tenía la moneda acuñada en la Antigua Roma.
Es decir, el dinero constituye un elemento secundario de la especialización en el intercambio. El dinero es el bien que se utiliza para adquirir bienes y, por tanto, obtener mayor riqueza. Al mismo tiempo, la riqueza que poseemos se puede vender por un precio obteniendo a cambio dinero. En la práctica, dinero y riqueza son intercambiables entre sí, pero no son constituyen el mismo concepto.
Es decir, el dinero se convierte en un simple medio de cambio que, en la actualidad, tiene el único valor que le confiere el número impreso en el papel y pero que, en realidad, no constituye ningún tipo de riqueza ya que, de no ser por el respaldo que le otorga la autoridad monetaria, sería un simple trozo de papel que se podría asemejar a una simple hoja de un cuaderno.
Por este motivo, atesorar dinero no es sinónimo de atesorar riqueza, al menos con el dinero actual. Cosa bien diferente sería atesorar dinero que tiene el respaldo de un bien, como ocurría con el patrón oro existente hace más de un siglo. En este caso, el dinero podría mantenerse como riqueza ya que su valor tenía una contrapartida en oro en el banco que el depositante podía retirar en el momento que así lo solicitase.

¿Liquidez o riqueza?

Ahora que ya conocemos las diferencias entre riqueza y dinero, cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué es mejor? ¿mantener todo nuestro dinero en efectivo, adquirir bienes para tener más riqueza o una combinación de las dos? La respuesta, como en cualquier otro aspecto de la vida no es única, sino que depende de las circunstancias.


En general, dado que el dinero tiene únicamente la consideración de medio de pago, en teoría solo sirve para satisfacer las necesidades de los seres humanos, que son los fines últimos que todos buscamos. Comprar una casa, comprar ropa o alimentarnos son necesidades básicas que todos tenemos y que, sin dinero, no podrían satisfacerse. Nuestro fin último es, por tanto, adquirir y mantener riqueza en forma de bienes. ¿Para qué queremos el dinero sino es para comprar lo que necesitamos? No tendría sentido atesorar billetes y monedas que no sirven para nada.
Ahora bien, existe una consideración especial del dinero llamada deuda. La deuda nos sirve, también, para adquirir riqueza, con la diferencia de que éste será un dinero que no es nuestro, sino que tendremos que devolver. Por tanto, es necesaria una cierta liquidez para poder devolver las deudas y, para ello, es necesario tener dinero. Es decir, necesitamos dinero para poder pagar dinero.
Por tanto, si bien es cierto que lo que nos hace ricos es la acumulación de riqueza en forma de bienes acumulados, en ocasiones será necesario atesorar dinero, sobre todo si tenemos deudas pendientes. No obstante, el simple atesoramiento de dinero no es sinónimo de riqueza, sino el uso que le demos a ese dinero. Por este motivo, los ricos no atesoran dinero, sino otro tipo de capitales diferentes, cuyo valor constituye la riqueza total del mismo.

Artículo publicado en el blog "En Naranja"

El IPC continúa cayendo, mecenazgo en las universidades y aprobación de la LOMCE

15 oct. 2013

En el programa de hoy de El Rey de Oros, hablamos del desplome del IPC que marca un mínimo interanual del 0,3%, entre otras cosas, por el fin del efecto del aumento impositivo del IVA en Septiembre del año pasado, ya que el IPC a impuestos constantes, que precisamente descuenta este efecto, se sitúa en el mismo nivel que el IPC normal. Sin embargo, el IPC subyacente, que mide la evolución del mismo sin contar con el efecto de las subidas de precio más variable se sitúa en 0,8%, lo que marca una tendencia a largo plazo todavía lejana a deflación.

Además, conocimos que la Universidad de Granada, ante la falta de fondos y financiación pública, ha lanzado un sistema de mecenazgo a la carta, que busca obtener recursos para hacer frente a sus necesidades. Un sistema de financiación que, cada día, gana más adeptos en España gracias al Crowfunding o micromecenazgo, un sistema que trata de obtener recursos para financiar proyectos mediante pequeñas donaciones de un grupo de personas que creen en nuestro proyecto.

Por último, hablamos de la aprobación de la LOMCE, que tuvo lugar el Jueves pasado, coincidiendo con la publicación del informe PIAAC, que sitúa a los adultos españoles a la cola de la OCDE en comprensión lectora y matemáticas.

Estados Unidos echa el cierre, Presupuestos y Twitter sale a Bolsa

7 oct. 2013

En el último programa de El Rey de Oros, David Donaire y un servidor hablamos de los Presupuestos Generales del Estado, del por qué del cierre de la Administración en Estados Unidos y de la anecdótica salida a Bolsa de Twitter. Además, Aitor Aizpitarte, como cada semana, propuso sus recomendaciones #LET.

¿Por qué los ricos no tienen mucho dinero?

Existe una creencia muy extendida entre la población de que los ricos son ricos porque tienen mucho dinero. De hecho, una de las situaciones más repetidas en diversos puntos de la geografía española el día 22 de Diciembre (el día de la Lotería de Navidad) es un grupo de gente descorchando una botella de cava y celebrando que son ricos porque les ha tocado una millonada.
Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, esas personas siguen siendo igual de ricas o pobres que antes. Y, en realidad, es probable que cualquiera de nosotros tengamos más dinero que muchos ricos. ¿Me he vuelto loco? No, simplemente digo que el dinero no constituye ningún tipo de riqueza.

El dinero no es riqueza… aunque lo parezca

En líneas generales, las personas vemos la acumulación de dinero como un modo de acumulación de riqueza. La clásica imagen del Tío Gilito bañándose en monedas de oro dentro de su cámara acorazada está bien grabada en nuestro imaginario colectivo. No en vano, el Tío Gilito se ha convertido, por méritos propios, en el personaje ficticio más rico del mundo. Sin embargo, dinero y riqueza son conceptos que, aunque parezcan sinónimos, tienen diferencias bastante sustanciales.
De hecho, el Tío Gilito no es rico porque almacene en una cámara acorazada una cantidad de dinero que el resto de mortales ni siquiera podemos llegar a entender, sino, más bien, porque esas monedas son de oro y, por tanto, tienen un cierto valor intrínseco, y, además, por ser propietario de una de las compañías mineras de ficción más importantes del mundo. Es decir, el Tío Gilito es rico porque tiene acumulado patrimonio, pero no dinero.
Es decir, una persona rica lo es porque posee activos que tienen un cierto valor intrínseco, más o menos estable en el tiempo. Por eso el Tío Gilito es rico: posee monedas cuyo valor está establecido por el valor del oro y, además, posee mansiones, coches y hasta una de las compañías más grandes del mundo. Pero no porque tenga dinero.
Entonces, ¿por qué todos hablamos de dinero para refererirnos a la riqueza de una persona? Para responder a esta pregunta, lo primero es saber qué es el dinero, qué funciones tiene y ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad, para qué se utiliza y qué evolución ha tenido a lo largo de la historia.

El dinero sirve para adquirir riqueza

La historia de la humanidad es la historia de los intercambios. En la antigüedad, se utilizaba el trueque para el intercambio de bienes. Con el tiempo, y, especialmente, para salvar las dificultades que tenía el trueque a la hora de encontrar una contrapartida que satisficiera una necesidad, nació el dinero como medio de intercambio de bienes; la palabra dinero proviene del Denario, que es la denominación que tenía la moneda acuñada en la Antigua Roma.
Es decir, el dinero constituye un elemento secundario de la especialización en el intercambio. El dinero es el bien que se utiliza para adquirir bienes y, por tanto, obtener mayor riqueza. Al mismo tiempo, la riqueza que poseemos se puede vender por un precio obteniendo a cambio dinero. En la práctica, dinero y riqueza son intercambiables entre sí, pero no son lo mismo.
Es decir, el dinero se convierte en un simple medio de cambio que, en la actualidad, tiene el único valor que le confiere el número impreso en el papel y pero que, en realidad, no constituye ningún tipo de riqueza ya que, de no ser por el respaldo que le otorga la autoridad monetaria, sería un simple trozo de papel que se podría asemejar a una simple hoja de un cuaderno.
Por este motivo, atesorar dinero no es sinónimo de atesorar riqueza, al menos con el dinero actual. Cosa bien diferente sería atesorar dinero que tiene el respaldo de un bien, como ocurría con el patrón oro existente hace más de un siglo. En este caso, el dinero podría mantenerse como riqueza ya que su valor tenía una contrapartida en oro en el banco que el depositante podía retirar en el momento que así lo solicitase.

¿Liquidez o riqueza?

Ahora que ya conocemos las diferencias entre riqueza y dinero, cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué es mejor? ¿mantener todo nuestro dinero en efectivo, adquirir bienes para tener más riqueza o una combinación de las dos? La respuesta, como en cualquier otro aspecto de la vida no es única, sino que depende de las circunstancias.
En general, dado que el dinero tiene únicamente la consideración de medio de pago, en teoría solo sirve para satisfacer las necesidades de los seres humanos, que son los fines últimos que todos buscamos. Comprar una casa, comprar ropa o alimentarnos son necesidades básicas que todos tenemos y que, sin dinero, no podrían satisfacerse. Nuestro fin último es, por tanto, adquirir y mantener riqueza en forma de bienes.
Ahora bien, existe una consideración especial del dinero llamada deuda. La deuda nos sirve, también, para adquirir riqueza, con la diferencia de que éste será un dinero que tendremos que devolver. Por tanto, es necesaria una cierta liquidez para poder devolver las deudas y, para ello, es necesario tener dinero.
Por tanto, si bien es cierto que lo que nos hace ricos es la acumulación de riqueza en forma de bienes acumulados, en ocasiones será necesario atesorar dinero, sobre todo si tenemos deudas pendientes. No obstante, el simple atesoramiento de dinero no es sinónimo de riqueza, sino el uso que le demos a ese dinero.
Publicado en "En Naranja"

Envilecimiento de la moneda: sostener el despilfarro arruinando al ahorrador

19 sept. 2013

Según el diccionario de la RAE, envilecer significa hacer que descienda el valor de una moneda, un producto, una acción de bolsa y, en general, cualquier otro activo que cotice en un mercado. El envilecimiento de las monedas ha sido, tradicionalmente,  uno de los instrumentos más utilizados por las autoridades monetarias, en especial los Bancos Centrales, para estimular la economía de un país, aunque ellos lo escondan bajo el eufemístico concepto de flexibilizaciones cuantitativas o política de estímulos económicos. Muchas son las políticas monetarias que se han llevado a cabo en este sentido a lo largo de la historia (las últimas, las que han llevado a cabo tanto la Reserva Federal como el Banco de Japón) pero quizá no sean las más apropiadas, sobre todo desde el punto de vista del ahorrador.

El valor de una moneda en el tiempo marca su poder adquisitivo, es decir, la cantidad de bienes y servicios que podemos adquirir con cada unidad monetaria. En general, cuando una moneda pierde valor lo que se produce es une pérdida de poder adquisitivo de la misma en relación a la cantidad de productos que podemos comprar. Dicho de otra forma, la pérdida de valor de una moneda provoca un aumento general de precios en el mercado interno, lo que conocemos como inflación.

Si, por ejemplo, tenemos una economía que cuenta con dos automóviles de similares características como productos en venta y con diez unidades monetarias como dinero en circulación, cada automóvil tendrá un precio de cinco unidades monetarias. Si el Banco Central decide aumentar la cantidad de dinero en circulación a 20 unidades monetarias, cada coche pasaré a costar 10 unidades monetarias. Es decir, un aumento de dinero en circulación en un 100% (del doble) ha producido un envilecimiento de moneda que se ha traducido en un aumento del 100% en el precio de los coches.

Evidentemente, esta relación no es tan directa ni automática, pero sirve para ilustrar cuáles son las consecuencias de la pérdida de poder adquisitivo de la moneda. En general, los más perjudicados son los ahorradores, que ven cómo su poder adquisitivo empeora año a año debido a la pérdida del valor de la moneda. Cuando el precio de los diferentes productos aumenta, la demanda decrece. Sin embargo, este proceso únicamente es aplicable al mercado interno, ya que cuando hablamos de transacciones en diferente moneda, el resultado no es tan negativo e, incluso, es una de las fórmulas más frecuentemente utilizadas por los Gobiernos para mejorar las cuentas de la balanza comercial. 


Cuando realizamos la comparación de valor de una moneda con respecto a otra en términos cuantitativos, obtenemos un resultado que llamamos el tipo de cambio. Por ejemplo, 1 euro vale 1,35 dólares o lo que es lo mismo, cada euro tiene un valor 1,35 mayor que cada dólar. Este resultado nos permite conocer no solo el valor de una moneda en comparación con la otra, sino también el poder adquisitivo de cada una de ellas en términos relativos, o bien la cantidad de productos y servicios que podemos adquirir en un momento determinado en comparación con la cantidad de bienes y servicios que podríamos adquirir con la moneda de comparación, que al fin y al cabo es lo que nos importa cuando hablamos de un medio de pago.
En este sentido, cuando se produce una pérdida de valor de una moneda en comparación con otra, se produce el efecto contrario al que sucedía en el mercado interno. Es decir, en lugar de una pérdida de poder adquisitivo de la moneda y, por tanto, un aumento de precios en el mercado interior, lo que se produce es una reducción de los precios relativos de un país en comparación con otro.
Este efecto que, a simple vista, puede parecer complejo, en realidad es muy sencillo, y más si utilizamos un ejemplo que permita ilustrarlo. Supongamos el tipo de cambio de 1 euro = 1,33 dólares en un momento de tiempo. Imaginemos un teléfono móvil cuyo precio en España es de 600 euros y su precio en Estados Unidos es de 600 dólares. Un español que viajase a Estados Unidos podría aprovechar el viaje y adquirir el teléfono móvil a un precio de 450 euros (600 / 1,33). Parece lógico pensar que una persona que tuviese planificado un viaje a Estados Unidos aprovechase el viaje para adquirir el teléfono móvil a un precio 150 euros menor.
Sin embargo, imaginemos que el Banco Central lleva a cabo una política monetaria muy agresiva mediante la impresión de moneda que devalúa (o hace perder valor) a la misma. Cuando finaliza esta política, y teniendo en cuenta que la Reserva Federal (Banco Central de Estados Unidos) no haya llevado a cabo ninguna política en el mismo sentido, el euro no solo ha perdido valor en el mercado interior, sino también en términos relativos con el dólar. Supongamos que, ahora, el tipo de cambio es de 1 euro = 0,8 dólares. Es decir, el dólar tiene más valor en esta ocasión que el euro.
Volvamos al ejemplo del teléfono móvil y a otro viajero diferente. El precio del teléfono móvil en España seguirá siendo de 600 euros, mientras que el precio en euros en Estados Unidos será de 750 euros. En esta ocasión, aunque el viajero realice el viaje, no comprará el teléfono móvil ya que le sale más barato adquirirlo en su propio país. No solo eso, sino que el producto será más barato para los estadounidenses (600 dólares en el mercado estadounidense, mientras que costará 450 dólares en el mercado europeo).
Si extrapolamos este efecto al conjunto de bienes y servicios de una economía, vemos que la devaluación de la moneda abarata estos bienes en términos relativos con el resto de países, haciendo que aumente su demanda y, por tanto, también las exportaciones. Un efecto evidente de la devaluación es el que se produce sobre el turismo, aumentando la entrada de turistas extranjeros en el paísSin embargo, como bien sabemos, los países rara vez pueden producir todos los bienes y servicios que necesitan, por lo que, en muchas ocasiones, necesitan importarlos. Cuando la moneda pierde valor, el efecto sobre las importaciones es el contrario al de las exportaciones; es decir, los bienes del exterior se encarecen con respecto a los del mercado interior.
En conclusión, la pérdida de valor de una moneda tiene dos efectos contrapuestos, uno para el mercado interior y otro para el mercado exterior. Por un lado, aumenta el nivel general de precios en el interior de un país y, por otro, abarata los productos en el interior en términos relativos con otro país, aunque al mismo tiempo encarece los productos extranjeros en comparación a los productos de nuestro país. El efecto es el contrario cuando la moneda aumenta de valor, o bien se aprecia. En cualquier caso, la devaluación de la moneda lleva a una pérdida de poder adquisitivo de la misma, por lo que los más perjudicados serán los ahorradores.



Bonos a 50 años o indiciados a la inflación: las nuevas fórmulas de emisión de deuda pública que vienen

12 sept. 2013

La buena marcha de la prima de riesgo y el hecho de que los rumores de un posible rescate a España se hayan disipado por completo hacen que el Reino de España, a pesar de que el precio del bono a diez años no se haya estabilizado por completo (su interés se sitúa en torno al 4,48% en el mercado secundario aunque siempre hubo tiempos mejores, al menos en lo que al coste de financiación se refiere), haya vuelto a financiarse con total normalidad en los mercados financieros. Es más, la prima de riesgo española es ya incluso inferior a la italiana, con las implicaciones positivas para nuestro país.

Gracias a esta situación, el Ministro de Economía, Luis de Guindos, que está viviendo sus horas más felices como titular de la Cartera más importante del Gobierno, está restando importancia a los aspectos coyunturales, a los que considera de alguna manera ya superados tras cubrir el 80% de las necesidades financieras de cara al presente ejercicio, para centrarse en los aspectos estructurales en lo que a financiación del Tesoro se refiere de cara a futuros ejercicios.

En este sentido, Guindos ha insinuado la posibilidad de emitir nuevas fórmulas de financiación: en primer lugar, bonos a 50 años, con el objetivo de cubrir las necesidades financieras a más largo plazo. En la actualidad, las emisiones a más largo plazo son las que se emiten mediante obligaciones a 10 años, que, en la última subasta, tuvieron una rentabilidad de 4,503% (no confundir con el 4,48% mencionado en el primer párrafo, ya que se trata de mercados diferentes), habiéndose emitido obligaciones a más largo plazo, en concreto a 30 año en 2005,2007 y 2009, y cuyas rentabilidades varían entre el 5,11% hasta el 7,6% al que estuvieron cotizando en 2012 en el mercado secundario.

En segundo lugar, la posibilidad de emisión de bonos indiciados a la inflación, una de las demandas históricas de los inversores institucionales en la última década, lo que permitiría cubrir las carteras contra la pérdida de poder adquisitivo de la moneda y que tendría dos posibilidades: ligar los títulos a la inflación europea o a la española.

Sea como fuere, el Tesoro ya está planteándose retos más ambiciosos que el simple mantenimiento de sus bonos en torno a una tasa de interés razonable en las subastas. Habrá que esperar las próximas en torno a la prima de riesgo para ver si estos objetivos son definitivamente viables y razonables.

La encrucijada de los emergentes

8 sept. 2013

Mientras en Estados Unidos y, sobre todo, en la zona Euro, estábamos asistiendo a una crisis que tenía difícil salida, los países emergentes (en especial los BRICS), estaban disfrutando de un crecimiento a tasas muy elevadas, entre otras cosas gracias a las políticas de estímulo que estaba llevando a cabo la Reserva Federal durante los últimos años. La política de crédito bancario y monetizaciones de deuda han abaratado el dólar, lo que ha hecho que los capitales se dirijan de forma masiva hacia los países emergentes, con el objetivo de obtener una rentabilidad añadida. 

Parece que esta fiesta se ha terminado. En las últimas semanas, y sobre todo a raíz de las últimas decisiones de la Reserva Federal en torno a la reducción de los estímulos monetarios, la tendencia se está revirtiendo, produciéndose un retorno masivo de capitales desde los países emergentes hacia Estados Unidos. Los efectos negativos de la reducción de los estímulos que Ben Bernanke ha anunciado no han tardado en llegar. La huída de capitales desde los mercados emergentes está depreciando de forma preocupante las monedas de los países emergentes, en especial la rupia India que ha perdido ya un 20% desde Mayo frente al dólar estadounidense.

En este contexto, los países emergentes se encuentran en una encrucijada de difícil solución. Por un lado, la decisión de aumentar los tipos de interés para fomentar la entrada de capitales podría intesificar la desaceleración que están sufriendo los países en desarrollo, tratando de frenar, además, la presión inflacionista causada por la salida masiva de capitales.

Por otro, pueden presionar a los Estados Unidos para que sigan realizando una política monetaria expansiva ad infinitum, pero, tras conseguir el objetivo de reducción de la tasa de desempleo, es muy complicado que la Fed vaya a dar un giro de 180º en sus políticas para favorecer a los mercados emergentes, algo que, desde luego, no sería ni sano ni sostenible en el tiempo.

Sin embargo, puede haber escondida una segunda razón más allá del fin de los estímulos de la Fed, cual es la excesiva dependencia de los capitales extranjeros que desequilibran las balanzas de pagos de estos países. Sea como fuere, las economías emergentes se debaten en una encrucijada que tiene difícil solución y que, sin duda, acaparará una buena cantidad de noticias económicas y financieras en los medios internacionales.

La paradoja española: baja la prima de riesgo pero aumenta el coste de la financiación

6 sept. 2013

La prima de riesgo española ha dado un verdadero vuelco. Si hace tan solo un año registraba unos niveles hasta ese momento nunca vistos de más de 600 puntos básicos (el 25 de Julio del año pasado registró su nivel más alto, 612 puntos básicos), sin posibilidad de financiación en el mercado tradicional de deuda pública y con muy altas probabilidades de intervención, a día de hoy (06/09/2013) somos ya un país autosuficiente desde el punto de vista financiero y los datos de la prima de riesgo son motivo de celebración por parte de mucha parte de los políticos, que lo ven como un triunfo de sus políticas, calificándolo en muchas ocasiones de un auténtico brote verde.

En realidad, tienen razón. Que la prima de riesgo española esté tan baja en términos relativos con respecto al año pasado es motivo de celebración, ya que los inversores ven con mejores ojos nuestro producto y podemos seguir emitiendo deuda y colocándola con éxito; al fin y al cabo, la posibilidad de intervención es prácticamente nula y por eso, la financiación es más barata. O al menos es eso lo que parece porque, en realidad, no es oro todo lo que reluce.

Y para muestra un botón: el 2 de Mayo de este mismo año el interés pagado por los bonos a diez años españoles en el mercado secundario era del 4,01% frente al 4,6% actual y, sin embargo, la prima de riesgo era de 277 puntos básicos, frente a los 258 puntos básicos; es decir, una diferencia de 19 puntos básicos menos. Pero, ¿por qué sucede esto? en realidad, no es un fenómeno extraño ni paranormal; surge de la suposición errónea de que el resto de variables permanecen inalteradas, es decir, ceteris paribus.

En realidad, para el cálculo de una variable como la prima de riesgo hay que tener en cuenta el precio que los inversores pagan por el Bund, es decir, el bono alemán a diez años que, curiosamente, ha tocado máximos históricos en la jornada de ayer (5 de Septiembre) al situarse en 2,05%, cuando incluso llegó a pagar intereses negativos. El ajuste que se está realizando, unido a las buenas cifras en cuanto a la balanza comercial española, han hecho que los inversores institucionales deshagan sus posiciones en deuda alemana, desplazándose hacia los países periféricos, exceptuando quizá el caso de Grecia. La sombra del rescate se ha disipado; la estabilidad es ahora la nota reinante en Europa y, gracias a ello, el coste de la financiación pública se ha equiparado de unos países a otros.

En definitiva, la rebaja de la prima de riesgo no es debida tanto a las mejores condiciones de España (que también) sino más bien se debe a un coste de financiación alemán (el bono que cuenta con menos riesgo de toda la Eurozona) más alto. Y sí, el titular era irónico

¿En qué consiste la espiral deuda deflación y cuáles son sus consecuencias?

23 ago. 2013

Irving Fisher ha sido, sin duda, uno de los economistas más destacados de todo el Siglo XX. A raíz de la Gran Depresión, Fisher expuso una explicación de las crisis y el ciclo económico que se conoce con el nombre de la "teoría de la deflación de la deuda", atribuyendo las causa de las crisis económicas y financieras a las explosiones de burbuja de crédito, las cuales desencadenan una serie de efectos con un impacto negativo en la economía real. En líneas generales, cuando una burbuja crediticia estalla, los agentes económicos tienen que liquidar de manera precipitada los activos a un precio menor que el de adquisición, propiciando una deflación en su precio, lo que reduce de manera inexorable el patrimonio neto de muchas sociedades y entidades bancarias, llevándolas a la bancarrota.

Este fenómeno produciría una restricción de crédito y desencadenaría una espiral, expresada en forma de depresión económica, en la que los deudores deberían más de lo que pagan (por aquello del tipo de interés real). Estoy seguro de que a quien más quien menos nos suena este fenómeno porque, de hecho, lo estamos viviendo muy de cerca, al menos en lo que se refiere al mercado inmobiliario. En realidad,  únicamente en el mercado inmobiliario, porque la última inflación subyacente (la que mide la evolución tendencial a largo plazo del aumento general de precios) es aún positiva (del 1,7%), por mucho que haya gente que quiera descontarle el efecto impositivo a largo plazo, la famosa inflación subyacente a impuestos constantes, un concepto que desvirtúa el propio concepto de la inflación para dar sensación de estar inmersos en una deflación que acabará con el sistema.¿Y por qué no elaboramos un índice que desccuente también el precio de las patatas (+37%) o de las aceites y grasas (+23%)? Seguro que en el cálculo estaríamos hablando de una deflación galopante.

La realidad es que, a día de hoy, estamos inmersos en una inflación de bienes de consumo y en una deflación de bienes de inversión, sobre todo en el precio de la vivienda. Sin embargo, la deflación "inmobiliaria" no es que sea tan dañina como proponía Fisher, sino que es una deflación necesaria, por mucho que haya muchos economistas de corte neokeynesiana que quieran ver en ella el apocalipsis financiero, por dos motivos principalmente.

En primer lugar, porque no es cierto que los tipos de interés reales sean mayores en períodos de deflación, al menos en la mayor parte de los préstamos hipotecarios, que están pactados a tipo de interés variable y referenciados a índices sensibles al tipo de interés interbancario, como es el EURIBOR. Quizá sea casualidad (o quizá no tanto) que el tipo de interés interbancario y, por tanto, el EURIBOR, haya caído hasta mínimos históricos desde que comenzara la crisis hace cinco año (desde 5,393% de Julio de 2008 hasta 0,525% de Julio de 2013). Este fenómeno tiene una explicación: cuando hay riesgo inflacionario debido a una expansión o una burbuja crediticia, el Banco Central decide incrementar el tipo de interés oficial; análogamente, en épocas de recesión económica se reduce el tipo de interés para incentivar tanto el consumo como la inversión. El tipo de interés oficial marca implícitamente el tipo de interés interbancario y, por tanto, el EURIBOR, lo que produce el fenómeno contrario al defendido por Irving Fisher: la carga financiera real de los préstamos es menor cuando este índice es menor, que suele corresponderse con épocas de recesión en los que se suelen producir deflación de activos.


No en vano, la menor carga financiera real para los préstamos referenciados al EURIBOR desde el año 2006 (en el gráfico, la línea amarilla) se ha dado precisamente en el año actual 2013, incluso con uno de los niveles más bajos de inflación de los últimos diez años. Es más, si tomamos la inflación subyacente a impuestos constantes, la carga financiera seguiría siendo la más baja de los últimos 8 años. 

En segundo lugar, porque el fenómeno deflacionario es un proceso necesario al estar íntimamente ligado al proceso de desapalancamiento. Durante la burbuja inmobiliaria, los precios de los inmuebles no reflejaban el valor real de la vivienda por el fácil acceso al crédito sin respaldo de ahorro real. El aumento en el nivel de precios de los inmuebles se tornó insostenible. A raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria, el proceso deflacionario en el mercado inmobiliario resulta inevitable. El mercado inmobiliario no se va a recuperar hasta que el valor de los inmuebles no se corresponda con el precio de los mismo, sobre todo tras el fenómeno de Credit Crunch en el que estamos inmersos.

Y sí, es cierto. La deflación de los bienes inmuebles lastra los fondos propios de las entidades financieras, fuertemente expuestos al mercado inmobiliario, lo que les acerca a la quiebra. ¿Tenemos que rescatar entonces a los bancos para no perjudicar a los depositantes? No. El proceso de quiebras bancarias es tan necesario como la propia deflación. De hecho, una liquidación ordenada de Bankia, entidad bancaria con el mayor agujero patrimonial de todo el sistema financiero español, se podría haber hecho con cargo a sus accionistas y tenedores de deuda subordinada. Existe otra alternativa, además, denominada BailIn, que Juan Ramón Rallo expone de manera brillante en este artículo, que consistiría en una capitalización privada, o con cargo a los tenedores de deuda subordinada, que evitaría el proceso de pánico bancario desatado tras la quiebra de los bancos, como ya ocurriera con Bear Stearns o Lemhan Brothers, y que tanto temía Irving Fisher.

Por todo ello, la deflación no solo no es tan perjudicial como nos están haciendo ver ciertos economistas, sino que es, además, necesaria a largo plazo.

Artículo publicado en LiberalSpain

El cambio de la forma de financiación de las empresas

1 ago. 2013

Debido a una serie de factores entre los que se encuentra la crisis económica, la tendencia en la forma de financiación de las empresas está cambiando, desapareciendo unas opciones y tomando protagonismo otras que no estaban disponibles hace unos años. Las opciones con más proyección en la actualidad son el crowdfunding, las aceleradoras de empresas o los créditos rápidos y las que están perdiendo más protagonismo son los préstamos bancarios para empresas, debido a la falta de crédito por parte de las entidades bancarias.

En un primer momento han sido las empresas tecnológicas las que se han lanzado a utilizar las nuevas formulas de financiación y cada vez son más empresas no tecnológicas las que están optando por utilizarlas. Además, gracias a las redes sociales es posible obtener financiación con sólo exponer el proyecto empresarial. Vamos a mostrar las que más éxito están teniendo y cuales son sus características.

Crowdfunding 

También denominado financiación colectiva, es una forma de obtener financiación a través de una red de personas que aportan capital al proyecto empresarial. En primer lugar fue creado para obtener donaciones para financiar proyectos artísticos, grupos musicales, campañas políticas o simplemente pequeñas empresas. Los empresarios pueden entregar pequeñas recompensas a las personas que han realizado donaciones para atraer inversores.

Una evolución del crowdfunding al mercado monetario son los préstamos P2P, que permiten prestar dinero entre personas sin la intermediación de los bancos para ello. Este tipo de préstamos está aumentando de forma considerable en los últimos años gracias a Internet y a las plataformas de préstamos P2P, que permiten conectar a los prestatarios con los prestamistas, haciendo muy fácil el proceso de financiación. Para los prestamistas, invertir en empresas que se financian a través de préstamos P2P es una buena inversión, ya que van a obtener unos tipos de interés más altos que en otro tipo de inversiones y los prestatarios van a obtener mejores condiciones en sus préstamos.

Aceleradoras de empresas

Hasta ahora las aceleradoras de empresas han sido un fenómeno en empresas tecnológicas, pero se están extendiendo a otro tipo de empresas y son una buena forma de obtener financiación en las fases iniciales del emprendimiento. Tratan de comprimir al máximo el tiempo en que se tarda en conseguir inversores para una start-up, realizando previamente un pulido técnico y comercial al proyecto Son la evolución de las incubadoras de empresas, que se dedican solamente a aportar espacio físico y apoyo técnico y jurídico a las mismas.

Las aceleradoras de empresas eligen proyectos en sus primeras fases, analizando su proyección y si es viable invierten en ellas con el ánimo de acompañarlas en la siguiente fase de desarrollo de la empresa, para posteriormente venderlas a un competidor grande por una buena suma de dinero. Este tipo de empresas invierten con ánimo de lucro y pueden ser el impulso que necesitan muchos proyectos empresariales.

Créditos rápidos

Los créditos rápidos son un tipo de préstamo que se caracterizan por la rapidez en su ejecución, pudiendo obtener dinero en cuestión de minutos. Muchas empresas han optado en obtener financiación a través de créditos rápidos en forma de minicreditos, debido a su facilidad de obtención y rapidez y el no poder obtener dicha financiación a través de entidades bancarias. Y es que las empresas cada vez más tienen la necesidad de afrontar pagos a corto plazo y obtener el dinero de forma urgente es algo prioritario.
Existen otro tipo de créditos rápidos además de los minicréditos con el que se puede obtener mayor cantidad de dinero y mejores tipos de interés. Según la página web creditosrapidosnet.com, este tipo de créditos además de ser utilizados por particulares para financiarse, se están utilizando para la creación de pequeñas empresas o la ampliación de capital de las mismas.

Artículo redactado por Victoria Sánchez

Los créditos rápidos, una alternativa ante la falta de financiación

17 jul. 2013

La sequía de crédito que nos afecta es ya una evidencia. Familias y empresas enteras se ven obligadas a hacer verdaderos malabarismos para mantener sus saldos de tesorería intactos o poco perjudicados. Mes a mes, las estadísticas del Banco de España nos muestran una caída continua en los préstamos concedidos a la vez que se está produciendo una amortización bastante importante de los ya existentes. Estamos asistiendo a un verdadero proceso de desapalancamiento, difícil a la vez que necesario.

¿Hay alternativas ante esta falta de financiación para atender pagos inminentes? Desde luego que las hay, aunque son más complicadas. Entre ellas destacan los créditos de concesión rápida para pagos menores, una nueva fórmula de financiación cuya característica más importante es la posibilidad de obtener una cierta cantidad de dinero en muy poco tiempo, tal y como vemos en la página de Kredito24.es, donde es posible obtener un crédito directamente desde la misma web y en tan solo 15 minutos.

Evidentemente, estas nuevas fórmulas de obtención de crédito están destinadas a satisfacer pagos menores, es decir, para atender pasivos a corto plazo, y no tanto como método de financiación de activo fijo. De hecho, uno de los mayores problemas que están teniendo las empresas, en especial las más pequeñas, es la necesidad de atender los pagos a corto plazo, lo que está llevando a miles de empresas en nuestro país al concurso de acreedores o, directamente, a la quiebra.

Y es que la excesiva exposición bancaria que las pymes tienen en España, hasta un 80% del total de la financiación empresarial, acompañado por el efecto Crowding Out y el excesivo coste de los préstamos bancarios en comparación con la media del resto de la UE, hacen que muchas empresas tengan que buscar nuevas alternativas viables de financiación y, en este sentido,  los créditos rápidos pueden ayudar a ello.

La insolvencia empresarial como responsable de la falta de crédito empresarial

16 jul. 2013

Si hiciésemos una pequeña encuesta a los ciudadanos sobre la responsabilidad de la insolvencia de muchas familias y empresas y de la sequía de crédito, es muy probable que el resultado sea culpar mayoritariamente al prestamista. Sin embargo, y aunque es posible que las entidades bancarias hayan actuado mal en algunas ocasiones (en el caso de las preferentes, por ejemplo), rara vez es el prestamista el que tiene que asumir toda la responsabilidad de la mala inversión.

En concreto, solemos culpar a las entidades financieras de la falta de crédito y de la falta de refinanciaciones o reestructuraciones de deudas, lo que conduce a muchas empresas, sobre todo pequeñas a la insolvencia sin remedio; sin embargo, los últimos datos sobre tasa de morosidad del Instituto de Crédito Oficial (ICO), en el que dos de cada cinco préstamos concedidos por el organismo de crédito terminan impagados en algunas líneas, hacen pensar lo contrario.

A tenor de estos datos, cabe pensar si, al contrario de lo que nos dicen desde los grandes medios, el credit crunch no está tan relacionado con la insolvencia bancaria, como de la falta de confianza en los deudores, en especial los empresariales. Que el ICO, entidad pública que concede los créditos a aquellas pymes que no pueden obtenerlo por otros medios, tenga la mayor tasa de morosidad de entre todas las entidades financieras, incluida Bankia, y el hecho de que se esté produciendo el fenómeno conocido como Crowding Out, es decir, que los recursos se estén destinando a financiar el gasto corriente de el sector público en lugar de inversionesproductivas, además de tener el coste financiero por préstamo más alto de Europa, demuestran esta teoría.

Mientras no se produzca el necesario proceso de desapalancamiento financiero, será muy difícil reestablecer esa confianza. Las empresas y familias están tan endeudadas que las entidades financieras no desean conceder más crédito mientras no cuenten con una cierta seguridad de que se van a devolver las deudas. Y eso, ni siquiera una recapitalización bancaria y liquidación lo arreglan. El crédito depende de la confianza y ésta, a su vez, de demostrar la solvencia. Si alguno de ellos falla, el grifo del crédito continuará cerrado.

El detonante de toda burbuja crediticia: los tipos de interés artificialmente bajos

8 jul. 2013

Muchas son las razones que los economistas han esgrimido para dar una respuesta a las causas de esta crisis. Desde la excesiva desregulación de la que han disfrutado los mercados financieros hasta el fuerte componente de gasto público que han utilizado los políticos como arma perfecta para ganarse el beneplácito de los electores.
Sin embargo, si hay una causa en la que todos los analistas económicos y financieros coinciden es que el elevado nivel de deuda existente en el sistema ha explosionado y, lo que se había convertido en el motor de la economía, el dinero barato, se ha convertido en el principal obstáculo a la recuperación. Un arma de doble filo que tiene sus origen en una expansión crediticia sin precedentes animada por unos tipos de interés artificialmente bajos.
Desde luego, si los tipos de interés son bajos, la rentabilidad exigida a cualquier inversión será, también, mucho menor a la que exigiría en condiciones normales. De esta manera, cualquier proyecto empresarial resulta atractivo a los ojos de todo inversor y lo que parecía inviable con un precio de la inversión normal se convierte en algo, no solo viable, sino rentable.
Evidentemente, unos tipos de interés artificialmente bajos sirven para animar la inversión en períodos de contracción económica o recesión, en la que lo importante es el aumento del empleo por el lado de la demanda agregada, pero son letales en períodos de expansión. Cuando los tipos de interés son bajos de forma artificial se crean burbujas en el precio de los activos, ya que todos los agentes comienzan a invertir al pensar que el precio de estos activos va a seguir subiendo pensando en que su valor va a seguir subiendo en el futuro. Recordemos: "la vivienda nunca baja".
Sin embargo, cuando la burbuja de crédito explota, se produce el desastre. Los agentes que se han endeudado comienzan a intentar liquidar sus inversiones pero, al hacerlo todos al mismo tiempo, el precio de estos activos desciende. Es más, como las inversiones son una porquería, no es posible venderlo ni siquiera a ese precio de adquisición y los agentes tienen que asumir pérdidas.
Para contrarrestar este efecto, es necesario comenzar con el llamado proceso de desapalancamiento. Los bancos no conceden crédito, los hogares tienen que reducir su consumo y gasto para resarcirse del efecto de esas pérdidas y las empresas no son capaces de producir porque no tienen ni acceso a la financiación ni una demanda que permita aumentar esa producción, lo que acaba haciendo aumentar la tasa de desempleo. Es un círculo vicioso que acaba en el desastre, con la necesidad imperiosa de cuadrar las cuentas estatales, subidas de impuestos y recorte del gasto público.
En resumen, los tipos de interés artificialmente bajos propician la recesión económica, todo ello auspiciado por las políticas expansionistas de los Bancos Centrales que conducen a inversiones improductivas. Solo tenemos que fijarnos en la burbuja inmobiliaria española y a la burbuja que se está gestando en China para darnos cuenta de que, aunque el crédito sea el motor del crecimiento, éste no puede mantenerse barato durante demasiado tiempo. Las consecuencias de ello son perfectamente conocidas por todos nosotros.

Hoy hemos dejado de trabajar para el Estado, y trabajamos para nosotros mismos

3 jul. 2013

El día 3 de Julio es el llamado Día de la Liberación Fiscal en España. Esto quiere decir que, teniendo en cuenta el actual cuadro impositivo español, cada ciudadano deja de trabajar para pagar impuestos el día 3 de Julio y comienza a obtener ingresos para satisfacer sus necesidades individuales. Es decir, teniendo en cuenta todos los impuestos que pagamos los trabajadores  en la actualidad (IRPF, IVA, IBI...) pagamos al Estado el equivalente a 184 días de nuestro salario bruto; en total, un importe medio de 12.000 euros por trabajador.

Esta cifra representa, prácticamente, la mitad de lo que vale la productividad de un empleado en España. La mitad del año trabajamos para el Estado y la otra mitad para nosotros. De esta manera ciframos un esfuerzo fiscal que es, a todas luces, tan injusto como confiscatorio. Para protestar contra este expolio, el P-LIB (Partido de la Libertad Individual) ha repartido el pasado domingo en la céntrica plaza de Callao de Madrid, entre otras ciudades, octavillas en forma de billetes de 100 euros.

Vivimos en un país con un Estado sobredimensionado. Los ingresos que obtiene el estado no son, ni de lejos, suficientes para financiar los gastos del mismo. Sin embargo, los políticos parecen no querer verlo y nos imponen a los ciudadanos un sobreesfuerzo para tratar de mantenerlo estable, a coste de reducir la actividad económica y de emprobecer a los ciudadanos.

 
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