Alemania y la repatriación del oro: ¿estamos cerca del colapso financiero?

28 ene. 2013

Parece que el precio del oro se está estabilizando, después de que tocara máximos en Octubre del año pasado, con especulaciones incluso de que estuviésemos viviendo una burbuja en los precios de este activo. El hecho de que el oro siempre ha sido visto como valor refugio ha hecho que, tradicionalmente durante épocas de crisis, los inversores traten de proteger sus inversiones ante una eventual pérdida de confianza del papel moneda.

Pues bien, esto es lo que ha debido de pensar Alemania, que ha repatriado una cantidad nada despreciable de oro desde París y Nueva York. Una decisión que ha pasado bastante desapercibida entre los medios de comunicación pero que, en mi opinión, tiene más importancia de la que se le está dando.Y es que cabría preguntarse, ¿por qué en estos momentos?

No es la primera vez que el Bundesbank muestra su enérgica oposición ante la política del BCE de compra de bonos, considerándola una política errónea que podría llevar a la hiperinflación y pérdida de confianza del papel moneda sin remedio, con el fantasma de la desastrosa hiperinflación vivida como consecuencia de su participación en la I Guerra Mundial. Por ello, el Bundesbank ha decidido dar una señal de fortaleza y, en plena guerra de divisas, ha decidido repatriar parte del oro que tiene almacenado en Francia y en Estados Unidos, concretamente 3.400 toneladas valoradas en 178.000 millones de dólares.

Hay múltiples interpretaciones de la decisión que ha tomado el Banco Central de Alemania. Pueden haber querido dar una imagen de fortaleza frente a los inversores o de su política ortodoxa, pero la que tiene más fuerza es que temen que la situación colapse y que, ante este escenario, los países nacionalicen el oro que otros países tienen depositados en sus Bancos Centrales. En todo caso, éste ha sido un golpe de efecto ante lo que ellos consideran que podría ser un colapso financiero. ¿Acabará ocurriendo? Solo el tiempo lo dirá. 

El déficit público como causante de la escasez de crédito al sector privado

25 ene. 2013

Que la mayoría de las empresas están atravesando por graves problemas de financiación no es nada nuevo. No hay crédito disponible para el sector privado, o al menos eso dicen. Pues bien, a la vista de los datos de la gráfica que acompaña el artículo, esto no es del todo cierto. Sí que hay crédito pero, de momento, solo para el sector público.

Como demuestran estos datos, la financiación del ya monstruoso déficit público está expulsando la posibilidad de financiación al sector privado, consecuencia del aumento del gasto público y la austeridad privada. En economía, esto tiene un nombre: Crowding-out o Efecto desplazamiento, que podemos resumir en una frase: a mayor déficit público, menor crédito disponible que se podrían emplear como recursos de financiación al sector privado. 

Y es que, si echamos un vistazo a las variaciones interanuales de los datos de financiación a los agentes que componen el sistema, vemos que, mientras la deuda del sector público sigue aumentando exponencialmente, el sector privado está teniendo graves problemas para financiarse debido especialmente a la falta de recursos. Llama la atención que, mientras las Administraciones Públicas han aumentado su endeudamiento en 31.000 millones de euros durante los nueve primeros meses del año pasado, el crédito al sector privado se ha reducido en 81.000 millones de euros en el mismo periodo del año pasado.

Bien sea un aumento impositivo, emisiones de deuda pública o creación de dinero mediante flexibilizaciones cuantitativas (cuyo eufemístico nombre no esconde que estemos hablando de impresión de billetes pura y dura), el caso es que el estado sigue detrayendo recursos con un valor equivalente al de sus usos alternativos que tendrían esos recursos productivos en manos privadas. El caso es que todas estas políticas se están llevando al mismo tiempo en la mayoría de países a escala mundial (en EEUU, por ejemplo, el nivel de deuda pública es el más alto de su historia e incluso ya ha superado su techo) por lo que, ni siquiera las inversiones extranjeras ayudan a paliar este problema.

Precisamente, quizá los únicos capaces de financiar la inversión privada sean los bancos comerciales mediante masivas inyecciones de liquidez del Banco Central Europeo, dinero que se emplea nuevamente en adquirir nueva deuda pública por tres motivos: ofrecen una rentabilidad mayor y un riesgo menor, no tienen que dotar reservas y se pueden usar como colateral en la solicitud de nuevas emisiones de liquidez por parte del BCE. Por el contrario, la concesión de préstamos a las empresas privadas supone un riesgo bastante mayor y los bancos han de provisionar reservas por si el crédito acaba siendo fallido. Un combo perfecto que acaba expulsando a las empresas de los circuitos de financiación habituales.

Por tanto, no es cierto que no haya crédito disponible para el sector privado. Lo que ocurre es que, por el momento, lo está acaparando casi en exclusiva el sector público. Y mientras esto siga ocurriendo, muchas empresas se verán obligadas a cerrar sus negocios o bien recortar gastos, lo que sin duda redundará en una tasa de desempleo cada vez mayor. 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Banco de España

Japón: entre la economía ficción y la cruda realidad

16 ene. 2013

Con más o menos desviaciones, las teorías macroeconómicas han servido, en general, para solucionar los desequilibrios económicos y financieros de la mayoría de países que han entrado en recesión.Todas, salvo quizá una, Japón.

El gran lastre para las empresas en España: el elevado precio industrial

8 ene. 2013


El otro día, hablando con Juan Carlos Barba y Francisco Guillén, comentabamos el caso de una empresa que quería establecerse en una zona de Galicia muy cercana a la frontera con Portugal, pero que finalmente se había decantado por el país luso debido al alto precio del suelo industrial español, cerca de 25 veces mayor que el de Portugal, donde el suelo está prácticamente regalado, cuando en realidad solo tenían que cruzar el río Miño.

El desarrollo del suelo industrial precisa de numerosos recursos públicos y es imprescindible para sostener el tejido productivo de nuestro país. Sin embargo, en España no se está gestionando correctamente; si a su alto precio añadimos una elevada disponibilidad nos encontramos con polígonos industriales y parques tecnológicos semivacíos a lo largo y ancho de nuestra geografía. ¿Por qué no abaratarlo?

De hecho, en este contexto, un empresario que decida llevarse su inversión a Portugal, donde el precio del metro cuadrado de suelo industrial es ofrecido a 8 euros, en contraste con los casi 200 euros de Vigo, se ahorraría cerca de 250.000 euros por una parcela de 10.000 metros cuadrados, dinero que bien se podría destinar a maquinaria, capital industrial, reducir márgenes comerciales o contratar personal. Un suelo irrisorio que garantiza no solo el establecimiento de sus empresas nacionales, si no la expansión de las empresas extranjeras a el país vecino.

Las facilidades que ofrecen las áreas industriales de otros países y las dificultades y falta de atractivo que transmite nuestro país al nuevo inversor quizá expliquen que cada vez más proveedores se asienten en los países de nuestro entorno, en donde, además de numerosos polígonos con parcelas y superficie disponible a precio irrisorio, o incluso gratis.

Publicado en Pymes y Autónomos
Si a todo ello añadimos <a href="http://www.pymesyautonomos.com/administracion-finanzas/el-precio-de-la-electricidad-un-lastre-para-la-competitividad-de-las-empresas">un acceso cada vez más caro a la energía</a> (en especial, a la electricidad) en comparación con el resto de países de la Unión Europea, un mercado de trabajo aún muy regulado y una cada vez mayor inseguridad jurídica nos encontramos con un panorama que no facilita en absoluto la inversión y establecimiento de empresas en nuestro país.

Por todo ello, sería recomendable facilitar e acceso al suelo industrial a las empresas mediante la concesión administrativa a 50 o 100 años a bajos precios siguiendo el modelo portugués. Todo ello para fomentar la inversión industrial, tanto española como extranjera y así compensar de alguna manera los graves problemas que está atravesando la empresa española en la actualidad.

 
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