¿En qué consiste la espiral deuda deflación y cuáles son sus consecuencias?

23 ago. 2013

Irving Fisher ha sido, sin duda, uno de los economistas más destacados de todo el Siglo XX. A raíz de la Gran Depresión, Fisher expuso una explicación de las crisis y el ciclo económico que se conoce con el nombre de la "teoría de la deflación de la deuda", atribuyendo las causa de las crisis económicas y financieras a las explosiones de burbuja de crédito, las cuales desencadenan una serie de efectos con un impacto negativo en la economía real. En líneas generales, cuando una burbuja crediticia estalla, los agentes económicos tienen que liquidar de manera precipitada los activos a un precio menor que el de adquisición, propiciando una deflación en su precio, lo que reduce de manera inexorable el patrimonio neto de muchas sociedades y entidades bancarias, llevándolas a la bancarrota.

Este fenómeno produciría una restricción de crédito y desencadenaría una espiral, expresada en forma de depresión económica, en la que los deudores deberían más de lo que pagan (por aquello del tipo de interés real). Estoy seguro de que a quien más quien menos nos suena este fenómeno porque, de hecho, lo estamos viviendo muy de cerca, al menos en lo que se refiere al mercado inmobiliario. En realidad,  únicamente en el mercado inmobiliario, porque la última inflación subyacente (la que mide la evolución tendencial a largo plazo del aumento general de precios) es aún positiva (del 1,7%), por mucho que haya gente que quiera descontarle el efecto impositivo a largo plazo, la famosa inflación subyacente a impuestos constantes, un concepto que desvirtúa el propio concepto de la inflación para dar sensación de estar inmersos en una deflación que acabará con el sistema.¿Y por qué no elaboramos un índice que desccuente también el precio de las patatas (+37%) o de las aceites y grasas (+23%)? Seguro que en el cálculo estaríamos hablando de una deflación galopante.

La realidad es que, a día de hoy, estamos inmersos en una inflación de bienes de consumo y en una deflación de bienes de inversión, sobre todo en el precio de la vivienda. Sin embargo, la deflación "inmobiliaria" no es que sea tan dañina como proponía Fisher, sino que es una deflación necesaria, por mucho que haya muchos economistas de corte neokeynesiana que quieran ver en ella el apocalipsis financiero, por dos motivos principalmente.

En primer lugar, porque no es cierto que los tipos de interés reales sean mayores en períodos de deflación, al menos en la mayor parte de los préstamos hipotecarios, que están pactados a tipo de interés variable y referenciados a índices sensibles al tipo de interés interbancario, como es el EURIBOR. Quizá sea casualidad (o quizá no tanto) que el tipo de interés interbancario y, por tanto, el EURIBOR, haya caído hasta mínimos históricos desde que comenzara la crisis hace cinco año (desde 5,393% de Julio de 2008 hasta 0,525% de Julio de 2013). Este fenómeno tiene una explicación: cuando hay riesgo inflacionario debido a una expansión o una burbuja crediticia, el Banco Central decide incrementar el tipo de interés oficial; análogamente, en épocas de recesión económica se reduce el tipo de interés para incentivar tanto el consumo como la inversión. El tipo de interés oficial marca implícitamente el tipo de interés interbancario y, por tanto, el EURIBOR, lo que produce el fenómeno contrario al defendido por Irving Fisher: la carga financiera real de los préstamos es menor cuando este índice es menor, que suele corresponderse con épocas de recesión en los que se suelen producir deflación de activos.


No en vano, la menor carga financiera real para los préstamos referenciados al EURIBOR desde el año 2006 (en el gráfico, la línea amarilla) se ha dado precisamente en el año actual 2013, incluso con uno de los niveles más bajos de inflación de los últimos diez años. Es más, si tomamos la inflación subyacente a impuestos constantes, la carga financiera seguiría siendo la más baja de los últimos 8 años. 

En segundo lugar, porque el fenómeno deflacionario es un proceso necesario al estar íntimamente ligado al proceso de desapalancamiento. Durante la burbuja inmobiliaria, los precios de los inmuebles no reflejaban el valor real de la vivienda por el fácil acceso al crédito sin respaldo de ahorro real. El aumento en el nivel de precios de los inmuebles se tornó insostenible. A raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria, el proceso deflacionario en el mercado inmobiliario resulta inevitable. El mercado inmobiliario no se va a recuperar hasta que el valor de los inmuebles no se corresponda con el precio de los mismo, sobre todo tras el fenómeno de Credit Crunch en el que estamos inmersos.

Y sí, es cierto. La deflación de los bienes inmuebles lastra los fondos propios de las entidades financieras, fuertemente expuestos al mercado inmobiliario, lo que les acerca a la quiebra. ¿Tenemos que rescatar entonces a los bancos para no perjudicar a los depositantes? No. El proceso de quiebras bancarias es tan necesario como la propia deflación. De hecho, una liquidación ordenada de Bankia, entidad bancaria con el mayor agujero patrimonial de todo el sistema financiero español, se podría haber hecho con cargo a sus accionistas y tenedores de deuda subordinada. Existe otra alternativa, además, denominada BailIn, que Juan Ramón Rallo expone de manera brillante en este artículo, que consistiría en una capitalización privada, o con cargo a los tenedores de deuda subordinada, que evitaría el proceso de pánico bancario desatado tras la quiebra de los bancos, como ya ocurriera con Bear Stearns o Lemhan Brothers, y que tanto temía Irving Fisher.

Por todo ello, la deflación no solo no es tan perjudicial como nos están haciendo ver ciertos economistas, sino que es, además, necesaria a largo plazo.

Artículo publicado en LiberalSpain

El cambio de la forma de financiación de las empresas

1 ago. 2013

Debido a una serie de factores entre los que se encuentra la crisis económica, la tendencia en la forma de financiación de las empresas está cambiando, desapareciendo unas opciones y tomando protagonismo otras que no estaban disponibles hace unos años. Las opciones con más proyección en la actualidad son el crowdfunding, las aceleradoras de empresas o los créditos rápidos y las que están perdiendo más protagonismo son los préstamos bancarios para empresas, debido a la falta de crédito por parte de las entidades bancarias.

En un primer momento han sido las empresas tecnológicas las que se han lanzado a utilizar las nuevas formulas de financiación y cada vez son más empresas no tecnológicas las que están optando por utilizarlas. Además, gracias a las redes sociales es posible obtener financiación con sólo exponer el proyecto empresarial. Vamos a mostrar las que más éxito están teniendo y cuales son sus características.

Crowdfunding 

También denominado financiación colectiva, es una forma de obtener financiación a través de una red de personas que aportan capital al proyecto empresarial. En primer lugar fue creado para obtener donaciones para financiar proyectos artísticos, grupos musicales, campañas políticas o simplemente pequeñas empresas. Los empresarios pueden entregar pequeñas recompensas a las personas que han realizado donaciones para atraer inversores.

Una evolución del crowdfunding al mercado monetario son los préstamos P2P, que permiten prestar dinero entre personas sin la intermediación de los bancos para ello. Este tipo de préstamos está aumentando de forma considerable en los últimos años gracias a Internet y a las plataformas de préstamos P2P, que permiten conectar a los prestatarios con los prestamistas, haciendo muy fácil el proceso de financiación. Para los prestamistas, invertir en empresas que se financian a través de préstamos P2P es una buena inversión, ya que van a obtener unos tipos de interés más altos que en otro tipo de inversiones y los prestatarios van a obtener mejores condiciones en sus préstamos.

Aceleradoras de empresas

Hasta ahora las aceleradoras de empresas han sido un fenómeno en empresas tecnológicas, pero se están extendiendo a otro tipo de empresas y son una buena forma de obtener financiación en las fases iniciales del emprendimiento. Tratan de comprimir al máximo el tiempo en que se tarda en conseguir inversores para una start-up, realizando previamente un pulido técnico y comercial al proyecto Son la evolución de las incubadoras de empresas, que se dedican solamente a aportar espacio físico y apoyo técnico y jurídico a las mismas.

Las aceleradoras de empresas eligen proyectos en sus primeras fases, analizando su proyección y si es viable invierten en ellas con el ánimo de acompañarlas en la siguiente fase de desarrollo de la empresa, para posteriormente venderlas a un competidor grande por una buena suma de dinero. Este tipo de empresas invierten con ánimo de lucro y pueden ser el impulso que necesitan muchos proyectos empresariales.

Créditos rápidos

Los créditos rápidos son un tipo de préstamo que se caracterizan por la rapidez en su ejecución, pudiendo obtener dinero en cuestión de minutos. Muchas empresas han optado en obtener financiación a través de créditos rápidos en forma de minicreditos, debido a su facilidad de obtención y rapidez y el no poder obtener dicha financiación a través de entidades bancarias. Y es que las empresas cada vez más tienen la necesidad de afrontar pagos a corto plazo y obtener el dinero de forma urgente es algo prioritario.
Existen otro tipo de créditos rápidos además de los minicréditos con el que se puede obtener mayor cantidad de dinero y mejores tipos de interés. Según la página web creditosrapidosnet.com, este tipo de créditos además de ser utilizados por particulares para financiarse, se están utilizando para la creación de pequeñas empresas o la ampliación de capital de las mismas.

Artículo redactado por Victoria Sánchez

 
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