La evolución de los precios en España lo confirma: otra vez deflación

9 dic. 2014

La trayectoria de los precios de la economía española es negativa tomando como referencia la evolución del deflactor del PIB. Se han observado ya tres trimestres consecutivos en 2014 de contracción en dicho índice, por lo que la evolución de los precios en España se enmarca hoy por hoy en el peligroso contexto caracterizado por la deflación. Hay que recordar, además, que el entorno óptimo de referencia de los precios para el Banco Central Europeo (BCE) se sitúa alrededor de un 2%.

La media de los precios de los 18 países que actualmente componen la Zona euro se ha ajustado desde los orígenes de la Unión Monetaria a la referencia establecida por el BCE del 2%. Distinto ha sido el caso de España, cuya inflación se ha cuantificado de forma constante durante el periodo 2000-2007 en el 4%, esto es, duplicando la media europea. Solamente la llegada de la crisis financiera internacional logró entonces quebrar aquella tendencia excepcional.

Efectivamente, la propagación de la crisis hipotecaria a los circuitos financieros de la economía española motivó que el nivel general de sus precios fuera retrocediendo trimestre a trimestre, hasta el punto de que en el año 2009 la línea de tendencia dibujada por la inflación sobrepasara en el tercer trimestre de dicho año la barrera del 0%. Desde entonces la referencia de los precios españoles no ha excedido la horquilla establecida entre el -1% y el 1%, con la única excepción del dato anotado en el segundo trimestre del año 2013 (1,1%).


Si hasta el año 2007 la evolución trimestral de los precios en España reflejaba un diferencial con respecto a la media europea del 2%, la conclusión a la que llegamos con los datos registrados en 2014 es que la economía española sigue manteniendo, en este nuevo contexto, una brecha incluso superior al 2% con respecto a la inflación de referencia estipulada por el BCE. Ahora tan sólo imagínense qué país europeo viene anotando en los ocho últimos trimestres una evolución en su inflación anclada en la horquilla comprendida entre el 1,7% y el 2,3%. Pues sí. Alemania. 

¿Se debe tomar el IPC omo el indicador de política monetaria?

2 dic. 2014

Los Bancos Centrales se han erigido como los grandes protagonistas de esta crisis desde el punto de vista monetario, en algunas ocasiones por acción y en otras por omisión. En cualquier caso, la responsabilidad de las autoridades monetarias tanto en el desencadenamiento de la crisis como en sus posteriores consecuencias ha sido muy notable.

La principal función de estos organismos es mantener un nivel de precios estable, con un crecimiento en torno al 2% del IPC en el caso del Banco Central Europeo, con un doble objetivo: por un lado, evitar una elevada inflación y, por otro, evitar entrar en procesos deflacionarios que pudiesen causar mayores problemas en crisis de deuda como en la que nos encontramos.

Sin embargo, a pesar de todas las inyecciones monetarias que se han llevado a cabo en el mundo por los distintos Bancos Centrales, la inflación no solo no se ha producido sino que, incluso, hemos llegado a ver deflación en algunos países o zonas monetarias como Japón o Europa como consecuencia de que toda esa liquidez no ha llegado a la economía real.

Pero, ¿es real esta deflación? ¿Dónde se ha ido toda esa liquidez sobrante? Quizá echando un vistazo al siguiente gráfico, la respuesta a esta pregunta sea más que evidente:


En este gráfico se ve de forma clara hacia dónde se ha ido la mayor parte de la liquidez inyectada por los Bancos Centrales. Una vez la Reserva Federal comenzó sus programas de flexibilización cuantitativa (más conocido como QE), el S&P, principal índice bursátil de Estados Unidos, comenzó a crecer y desde entonces ha mostrado una sorprendente correlación con la evolución de la expansión en el Balance de la Reserva Federal. Mientras tanto, en Japón, el Nikkei mostraba un comportamiento similar después de todas las inyecciones de dinero proporcionadas por el Banco de Japón, que no hacían sino sembrar una nueva burbuja en los mercados financieros.

En cualquier caso, y a pesar de esta preocupante inflación de activos financieros, los Bancos Centrales no han renunciado a su programa de estímulos monetarios, quizá porque dentro de ese objetivo del 2% de inflación anual no está contemplado el aumento de precios de los activos financieros. El IPC solo contempla el aumento de precios de los bienes de consumo pero las acciones son bienes de inversión.

Hay que decir, además, que el IPC tampoco tiene en cuenta la evolución del mercado inmobiliario. En las épocas de burbujas inmobiliarias, por tanto, el aumento del precio de las viviendas no está contemplado dentro del IPC por lo que, en principio, no era un objetivo del Banco Central Europeo en sí mismo y, en realidad, la burbuja inmobiliaria ha sido el desencadenante de una de las mayores crisis financieras y de deuda que hemos tenido en España en los últimos siglos. En esta ocasión, la omisión del BCE al no subir tipos de interés cuando la situación lo requería y, en particular, de la adopción del Euro como moneda que propició la convergencia en tipos de interés de los países periféricos con los países centrales no puso freno a este aumento.

En definitiva, es un error utilizar un indicador como el IPC establecer las políticas monetarias, tanto si hablamos de situaciones de ciclo expansivas como recesivas. El hecho de que este indicador no incluya la evolución del precio de los activos financieros e inmobiliarios constituye un problema, en especial atendiendo tanto a las causas como a las consecuencias de las últimas crisis.


 
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