El e-commerce, un sector en auge con los mismos problemas que el resto de la economía española

12 de feb. de 2015

En la actualidad, a nadie le sorprende que el comercio electrónico sea uno de los sectores que mayor crecimiento está experimentando dentro de la economía española. Las ventas en España crecen a muy buen ritmo. Si en 2014, las empresas de comercio electrónico en su conjunto obtenían una facturación de 18.000 millones de euros, dentro de dos años estas cifras casi se duplicarán, ya que se estima que las empresas de comercio electrónico facturarán cerca de 30.000 millones de euros.

Las dos principales razones que explican este fenómeno parecen claras:

  • Los reducidos costes de poner en marcha este tipo de negocios, ya que el único elemento imprescindible es contratar un servidor potente y fiable, es decir, un lugar en el que alojar nuestra página web que posibilite el acceso de múltiples usuarios al mismo tiempo, además de garantizar la seguridad de nuestro negocio online
  • Su fácil puesta en marcha en comparación con otros negocios tradicionales.

Sin embargo, y pese a este espectacular crecimiento, el comercio electrónico adolece de los mismos problemas que la economía española, especialmente en lo que respecta a la balanza de pagos tecnológica: compramos en el exterior mucho más de lo que vendemos.

No en vano, este déficit comercial es más acentuado si cabe que el de las ventas minoristas tradicionales, gracias a la posibilidad de acceso a un mercado global que proporciona Internet, así como la presencia de empresas con una gran dimensión empresarial, como Amazon, Google o eBay.

Tan preocupante o más que el propio déficit comercial es la elevada dependencia que tenemos de un sector como el turismo, al igual que ocurre en la economía a pie de calle. No en vano, el turismo acapara cerca del 62% del total del negocio del comercio electrónico español, seguido a mucha distancia de las prendas de vestir (4,2%), la publicidad (3,4%) y los espectáculos deportivos (2,5%).

La evolución no se presenta tampoco nada positiva, pese a los esfuerzos del Banco Central Europeo por depreciar el euro, hecho que permitiría compensar la balanza por cuenta corriente, no solo a nivel de manufacturas tradicionales, sino también desde el punto de vista del comercio electrónico. La reducida dimensión de las empresas españolas y su baja diversificación continúan siendo algunos de los problemas que afectan a la economía española, ya que les resta capacidad de exportar sus productos, de contratar nuevo personal y de innovar. El comercio electrónico, desde el punto de vista del balance comercial, es un fiel reflejo de la evolución de la economía española.

La evolución de los precios en España lo confirma: otra vez deflación

9 de dic. de 2014

La trayectoria de los precios de la economía española es negativa tomando como referencia la evolución del deflactor del PIB. Se han observado ya tres trimestres consecutivos en 2014 de contracción en dicho índice, por lo que la evolución de los precios en España se enmarca hoy por hoy en el peligroso contexto caracterizado por la deflación. Hay que recordar, además, que el entorno óptimo de referencia de los precios para el Banco Central Europeo (BCE) se sitúa alrededor de un 2%.

La media de los precios de los 18 países que actualmente componen la Zona euro se ha ajustado desde los orígenes de la Unión Monetaria a la referencia establecida por el BCE del 2%. Distinto ha sido el caso de España, cuya inflación se ha cuantificado de forma constante durante el periodo 2000-2007 en el 4%, esto es, duplicando la media europea. Solamente la llegada de la crisis financiera internacional logró entonces quebrar aquella tendencia excepcional.

Efectivamente, la propagación de la crisis hipotecaria a los circuitos financieros de la economía española motivó que el nivel general de sus precios fuera retrocediendo trimestre a trimestre, hasta el punto de que en el año 2009 la línea de tendencia dibujada por la inflación sobrepasara en el tercer trimestre de dicho año la barrera del 0%. Desde entonces la referencia de los precios españoles no ha excedido la horquilla establecida entre el -1% y el 1%, con la única excepción del dato anotado en el segundo trimestre del año 2013 (1,1%).


Si hasta el año 2007 la evolución trimestral de los precios en España reflejaba un diferencial con respecto a la media europea del 2%, la conclusión a la que llegamos con los datos registrados en 2014 es que la economía española sigue manteniendo, en este nuevo contexto, una brecha incluso superior al 2% con respecto a la inflación de referencia estipulada por el BCE. Ahora tan sólo imagínense qué país europeo viene anotando en los ocho últimos trimestres una evolución en su inflación anclada en la horquilla comprendida entre el 1,7% y el 2,3%. Pues sí. Alemania. 

¿Se debe tomar el IPC omo el indicador de política monetaria?

2 de dic. de 2014

Los Bancos Centrales se han erigido como los grandes protagonistas de esta crisis desde el punto de vista monetario, en algunas ocasiones por acción y en otras por omisión. En cualquier caso, la responsabilidad de las autoridades monetarias tanto en el desencadenamiento de la crisis como en sus posteriores consecuencias ha sido muy notable.

La principal función de estos organismos es mantener un nivel de precios estable, con un crecimiento en torno al 2% del IPC en el caso del Banco Central Europeo, con un doble objetivo: por un lado, evitar una elevada inflación y, por otro, evitar entrar en procesos deflacionarios que pudiesen causar mayores problemas en crisis de deuda como en la que nos encontramos.

Sin embargo, a pesar de todas las inyecciones monetarias que se han llevado a cabo en el mundo por los distintos Bancos Centrales, la inflación no solo no se ha producido sino que, incluso, hemos llegado a ver deflación en algunos países o zonas monetarias como Japón o Europa como consecuencia de que toda esa liquidez no ha llegado a la economía real.

Pero, ¿es real esta deflación? ¿Dónde se ha ido toda esa liquidez sobrante? Quizá echando un vistazo al siguiente gráfico, la respuesta a esta pregunta sea más que evidente:


En este gráfico se ve de forma clara hacia dónde se ha ido la mayor parte de la liquidez inyectada por los Bancos Centrales. Una vez la Reserva Federal comenzó sus programas de flexibilización cuantitativa (más conocido como QE), el S&P, principal índice bursátil de Estados Unidos, comenzó a crecer y desde entonces ha mostrado una sorprendente correlación con la evolución de la expansión en el Balance de la Reserva Federal. Mientras tanto, en Japón, el Nikkei mostraba un comportamiento similar después de todas las inyecciones de dinero proporcionadas por el Banco de Japón, que no hacían sino sembrar una nueva burbuja en los mercados financieros.

En cualquier caso, y a pesar de esta preocupante inflación de activos financieros, los Bancos Centrales no han renunciado a su programa de estímulos monetarios, quizá porque dentro de ese objetivo del 2% de inflación anual no está contemplado el aumento de precios de los activos financieros. El IPC solo contempla el aumento de precios de los bienes de consumo pero las acciones son bienes de inversión.

Hay que decir, además, que el IPC tampoco tiene en cuenta la evolución del mercado inmobiliario. En las épocas de burbujas inmobiliarias, por tanto, el aumento del precio de las viviendas no está contemplado dentro del IPC por lo que, en principio, no era un objetivo del Banco Central Europeo en sí mismo y, en realidad, la burbuja inmobiliaria ha sido el desencadenante de una de las mayores crisis financieras y de deuda que hemos tenido en España en los últimos siglos. En esta ocasión, la omisión del BCE al no subir tipos de interés cuando la situación lo requería y, en particular, de la adopción del Euro como moneda que propició la convergencia en tipos de interés de los países periféricos con los países centrales no puso freno a este aumento.

En definitiva, es un error utilizar un indicador como el IPC establecer las políticas monetarias, tanto si hablamos de situaciones de ciclo expansivas como recesivas. El hecho de que este indicador no incluya la evolución del precio de los activos financieros e inmobiliarios constituye un problema, en especial atendiendo tanto a las causas como a las consecuencias de las últimas crisis.


Deuda, deuda y más deuda: ¿por qué nos hemos endeudado tanto?

15 de oct. de 2014

Existe un consenso generalizado entre los diferentes economistas, con independencia de su ideología o de sus modelos econométricos, de que la principal razón de la crisis económica y financiera que desde hace ya seis años nos azota ha sido el excesivo volumen de deuda en manos de familias y empresas, hecho que ha lastrado dos de los pilares básicos del crecimiento de cualquier economía desarrollada: el consumo y la inversión.

Este análisis constituye un buen punto de partida puesto que, en 2008, año que se suele tomar como base para explicar el inicio de la crisis, el volumen de deuda en manos de hogares y empresas era del 171% del PIB español, es decir, más de un billón (con B de Barcelona) y medio de euros. Un volumen insostenible que nos hacía totalmente vulnerable ante cualquier acontecimiento económico adverso que precipitó el inicio de una crisis que, seis años después, sigue azotando con fuerza. Pero, ¿cuáles han sido las razones que explican este aumento del endeudamiento?

Nuestra entrada en el Euro, ¿causa de este endeudamiento?

En la actualidad, existen mucho escepticismo sobre si la adopción del Euro como moneda única ha sido más beneficiosa o más perjudicial. Sin embargo, si nos remontamos a 2002, año en el que nuestro país comenzó a utilizar el Euro como moneda única, los ciudadanos veían este cambio como un modo de acercar nuestro país a la modernidad europea.

De hecho, así fue, al menos desde el punto de vista financiero. La adopción del Euro como moneda única provocó que el diferencial de tipos de interés de nuestro país con respecto al resto de países se redujera sensiblemente y que se llevasen a cabo numerosas inversiones en los países del sur de Europa, en especial Italia, Portugal, Grecia y España.

Pero, ¿por qué se produjo este descenso en el diferencial en los tipos de interés? Imaginemos que acudimos al banco a solicitar un préstamo hipotecario a cuarenta años pero no disponemos de un contrato indefinido con el que respaldar nuestra solvencia económica. Lo más probable es que, o bien el banco no nos conceda el préstamo o bien que nos lo conceda con unas condiciones muy gravosas, con un tipo de interés muy elevado.

Ahora bien, si vamos a solicitar ese mismo préstamo con Bill Gates como avalista, lo más probable es que el banco no solo nos conceda el préstamo hipotecario sino que nos facilite varios créditos para pagar el coche, el mobiliario y hasta unas vacaciones, puesto que sabe que, en caso de que nosotros no podamos pagar, tendremos todo un multimillonario que responderá por nosotros.

Esto es precisamente lo que ocurrió con los países del sur de Europa. El mensaje percibido por los mercados financieros fue que todos los países que formaban parte del Euro iban en el mismo barco y que los países fuertes, como Alemania y Francia, harían todo lo posible para que el Euro no fracasase.

De esta manera, la solvencia de los países del sur de Europa aumentó de forma automática, reduciendo los diferenciales en sus tipos de interés, tal y como muestra la siguiente gráfica:


¿Por qué fracasó el proyecto del Euro?

La llegada de todo este dinero barato provocó una fiebre de inversiones en los países del sur de Europa, con independencia de que tales proyectos de inversión fuesen viables o no o de que tuviesen la capacidad real de producir retornos suficientes como para devolver los préstamos contraídos. Era la época en la que todo valía, y cualquier inversión, por descabellada que fuese, tenía cabida en forma de préstamo.

De hecho, en España, toda esta liquidez fue a parar a un sector muy concreto: el inmobiliario. Las entidades financieras comenzaron a conceder préstamos hipotecarios a personas y empresas de dudosa solvencia o con modelos de negocio que no eran capaces de generar retornos suficientes. Daba igual. 

Pero no se vayan, todavía hay más. Todas estas inversiones fueron posibles con dinero proveniente del exterior, en especial de los países del centro de Europa, como Alemania o Francia. El ahorro interno era insuficiente para financiar la locura inmobiliaria, lo que provocó un desequilibrio enorme en la balanza comercial de los países del sur de Europa al tiempo que propició un enorme superávit exterior en países como Alemania. Países como España debían mucho dinero en concepto de préstamos al exterior, lo que nos hacía vulnerables ante cualquier evento inesperado.

Evento que, con el transcurso de los años, acabó llegando. La orgía de compra de viviendas provocó un crecimiento sin control en el precio de los inmuebles. Seguía dando igual; mientras las entidades financieras siguiesen concediendo créditos, no se pararía la fiesta. Llegó un momento, en el año 2008, que los niveles de deuda eran tan insostenibles que la sombra de la insolvencia comenzó a planear sobre España. Se cortó el grifo del crédito con el consecuente estallido de la crisis.

Lo que en primera instancia parecía un proyecto ilusionante acabó convirtiéndose en la peor de las pesadillas. La propia concepción de la moneda única fue el desencadenante de los desequilibrios exteriores tan desproporcionados que seguimos sufriendo los países de la zona Euro.

El papel del BCE en la crisis de deuda

Si hay algún actor principal en esta película, ese es el Banco Central Europeo. Una institución cuyo objetivo es establecer un aumento en el nivel general de precios en torno al 2% que veía como el precio de los inmuebles se les iba de las manos. Muy al contrario, siguió inyectando liquidez a la economía real para que la fiesta no parase.

Además, su papel como prestamista de última instancia provocó que la gestión de las entidades financieras, en especial las Cajas de Ahorro, no fuese todo lo profesional que cabría esperar de unas entidades tan importantes para la economía nacional. Esto se explica por el llamado riesgo moral.

Conclusiones 

Viendo la gráfica, podemos pensar que el Euro ha causado muchos más problemas que beneficios. Sin embargo, os propongo que tapéis con una mano el período que transcurre desde 2008 hasta 2012. Nadie diría, en este caso, que el Euro ha sido malo, sino todo lo contrario. Todo se debe a una cuestión de confianza: cuando los flujos financieros dejaron de creer en la solvencia de nuestro país, estalló la crisis del euro: una de las mayores crisis económicas desde el Crack de 1929.

Artículo publicado en Busconómico

¿Por qué la política del BCE no acaba de llegar a la economía real?

8 de sept. de 2014

El pasado Jueves, el Banco Central Europeo convocó una nueva rueda de prensa en la que se anunciaban más medidas no convencionales con el objetivo de luchar contra la deflación, entre las que se encontraban la reducción del precio del dinero al 0,05%, el anuncio de compras de activos titulizados (deuda bancaria vinculada a préstamos e hipotecas) o el establecimiento de un nuevo nivel en la facilidad de depósito que cobrará el BCE hasta el 0,20%.

Unas medidas que se suman a las anunciadas el pasado mes de Junio para luchar contra la baja inflación y que ya explicamos en un anterior post. Aquellas medidas no terminaron de tener la eficacia esperada y todo apunta a que, en esta ocasión, el mensaje que Mario Draghi ha lanzado a los mercados continua siendo más simbólico que efectivo. Pero, ¿por qué las medidas del BCE no tienen la eficacia esperada?

El mecanismo de transmisión de la política monetaria


En primer lugar, conviene recordar cuál es el mecanismo de trasmisión de la política monetaria. El Banco Central presta a los bancos comerciales al tipo de interés oficial con el objetivo de que éstos, a su vez, lo presten a familias y empresas, reactivando de esta manera el flujo del crédito. Cuanto menor sea el tipo de interés establecido por el Banco Central (que marca el precio del dinero), menor será el coste de pedir dinero al Banco Central, y mayor la liquidez de la que dispondrán los bancos para prestar.

Una vez que los bancos comerciales han utilizado estos fondos para prestárselo a familias y empresas, pueden depositar el exceso de liquidez en el Banco Central mediante su facilidad de depósito, que normalmente se remunera a un interés fijado por el BCE y que, desde Junio, es negativo; esto quiere decir que los bancos cobran una comisión por esta liquidez sobrante

Además de estas medidas convencionales, los bancos centrales han comenzado a utilizar los llamados instrumentos no convencionales de política monetaria, que consisten fundamentalmente en la compra de activos de diversos tipos, como la deuda pública o las titulizaciones hipotecarias, para reducir la carga de la deuda adquirida por los bancos y los estados y, de paso, inundar de más liquidez al mercado.

Es decir, los Bancos Centrales utilizan a los bancos comerciales para transmitir toda esa liquidez generada a la economía real con el objetivo de evitar espirales deflacionistas que causen más problemas en el futuro. Es lo que normalmente se conoce como darle a la maquinita de crear dinero para generar una inflación cercana al 2% . 

Pues bien, este mecanismo de transmisión está, en la actualidad, roto. La política monetaria ya no es efectiva. Y no es efectiva porque estamos errando los términos: la crisis no es de liquidez, sino más bien de solvencia.

La velocidad de circulación del dinero: esa gran olvidada


La ortodoxia financiera legitimó la interpretación neoliberal de Milton Friedman y Anna Schwartz. Lanzar dinero desde un helicóptero no era la solución porque la velocidad de circulación del dinero no es constante. Como bien explica Juan Ramón Rallo en este vídeo, la teoría cuantitativa del dinero no es correcta, por mucho que se empeñen los Bancos Centrales en hacernos creer lo contrario.

En palabras llanas, los bancos no prestan los recursos obtenidos por los bancos centrales porque consideran que no existe demanda solvente en la economía real. El elevado nivel de deuda en el sistema sigue siendo, aún a día de hoy, insostenible. No en vano, mientras los bancos pueden obtener el dinero prácticamente gratis a través del BCE, tanto las empresas como los ciudadanos tienen que asumir un coste de financiación de más de un 10% en muchos de los créditos. 

Esta es la principal razón por la que esa inyección de liquidez no llega a la economía real, utilizándose para otras inversiones alternativas, especialmente la financiación de títulos de deuda pública. Es decir, los bancos han utilizado la liquidez del Banco Central para comprar títulos de deuda pública (el famoso carry trade), reduciendo de esta manera la prima de riesgo de los principales países europeos.

Y si esta liquidez no llega a la economía real, tampoco se produce inflación. O eso es lo que creemos a tenor de las estadísticas oficiales proporcionadas por el INE. Sin embargo, esto no es así dentro del circuito financiero. Existe una brutal sobrevaloración de activos que está provocando burbujas financieras tanto en Bolsa como en deuda pública. Inflación se produce, y mucha... si tuviésemos en cuenta el precio de muchos de los activos que se obvian al hablar de inflación.

En definitiva, vamos la dirección de la política monetaria tiene más de simbólica que de efectiva. Los continuos mensajes que Mario Draghi lanza a los mercados han servido de bálsamo para calmar la situación financiera pero, en esta ocasión, y suponiendo que finalmente saque toda la artillería, podría estar sentando las bases de la próxima burbuja financiera... sin haber solucionado todavía los graves problemas estructurales de la que todavía adolece la economía europea. 

La solución no pasa por inundar de liquidez al mercado. Al menos, no sin antes solucionar los problemas de solvencia. Todavía existe un volumen de deuda privada muy elevado como para seguir emborrachando al alcohólico.

¿Por qué una renta básica universal nos haría más pobres?

19 de ago. de 2014

A raíz de la reciente irrupción de Podemos dentro del debate político español, se ha intensificado el debate acerca de la necesidad o no de proporcionar una renta básica universal a todos los ciudadanos de nuestro país solo por el mero hecho de serlo e independientemente de su capacidad de generar riqueza o de su situación particular dentro de la sociedad. 

Una medida que, a priori, constituye una necesidad imperiosa, en especial para los estratos más bajos de la población, los cuales tienen verdaderas dificultades para acceder a los servicios y bienes más básicos al carecer de los recursos económicos suficientes. Sin embargo, esta propuesta adolece de serios problemas a nivel macroeconómico que creo es necesario detallar para no caer en demagogia.

La renta básica como generador de tensiones inflacionistas


La renta básica universal, al proporcionar una serie de recursos económicos mínimos a cualquier ciudadano, provoca un abandono de los trabajos peor remunerados. Puesto que el empleado pasa a recibir un ingreso mínimo sin necesidad de trabajar, podría abandonar su puesto de trabajo si considera que no le merece la pena. El empresario, a su vez, debería mejorar de forma sustancial sus condiciones de trabajo para evitar que abandonase su trabajo, bien sea mediante un aumento de sus condiciones salariales o bien mediante una reducción de su horario de trabajo.

Supongamos que el empresario puede mejorar el salario de su empleado de tal manera que éste, gracias a sus mayores ingresos, renuncia a la renta básica para seguir trabajando en la empresa. Si esto ocurre, el empresario tendrá que repercutir el mayor coste empresarial sobre el precio del producto o servicio con el objetivo de mantener la rentabilidad empresarial. En este sentido, la renta básica podría provocar tensiones inflacionistas por el lado de los costes.

Además, a medida que los precios sigan subiendo, los ciudadanos exigirán una mayor cuantía de su renta básica que compense la pérdida de poder adquisitivo, entrando en una espiral inflacionista en la que, conforme aumenten los salarios exigidos por los trabajadores y, por tanto, la inflación, mayores serán las tensiones inflacionistas futuras.

La producción se estancaría... con efectos inflacionistas y sobre nuestra moneda


Si, en cambio, el empresario no se puede permitir mejorar las condiciones laborales de sus empleados, hecho que ocurriría en la mayor parte de sectores y empresas máxime teniendo en cuenta que, en muchos casos, el salario de sus trabajadores guardaría poca relación con la productividad marginal que son capaces de proporcionar, este tipo de trabajos estaría condenado a desaparecer, provocando una menor producción y, por tanto, una menor oferta de bienes y servicios. 

Al mismo tiempo, la renta básica aumentaría la demanda de bienes y servicios de los ciudadanos. Estos dos efectos conjugados, mayor demanda y menor oferta, harían aumentar los precios, reduciendo el poder adquisitivo de los ciudadanos y provocando una espiral inflacionista de similares características a la descrita en el punto anterior.

Además, la moneda sufriría una fuerte depreciación como consecuencia de la mayor demanda de productos del extranjero y el menor ritmo exportador que provocaría la menor producción. En estas circunstancias, parece razonable pensar que la mayor parte de países que conforman la zona euro se opondrían de forma frontal a la renta básica universal, más aún cuando, hasta ahora, la política monetaria ha ido encaminada a mantener un euro fuerte.

Salir del euro tampoco sería la solución puesto que la depreciación sistemática de la moneda haría aumentar el coste de los productos importados, en especial de los energéticos de los que España es altamente dependiente, como petróleo o gas natural.

¿Y qué ocurre con el ciclo económico?


La renta básica es universal y constante: el ciudadano recibiría siempre la misma renta, independientemente del ciclo económico en el que nos encontremos, ya sea boom económico o recesión. Esta situación no es la más adecuada ni siquiera para los keynesianistas más ortodoxos, puesto que inyectar aún más dinero en etapas de crecimiento económico no haría sino calentar aún más la economía, provocando burbujas e inflación.

En definitiva, en una ciencia tan compleja como la ciencia económica, regalar dinero a los ciudadanos, máxime cuando no existe control sobre la política monetaria y, por tanto, no podemos imprimir más moneda ni manipular artificialmente el tipo de interés, no hará sino empobrecernos aún más por la vía del aumento de precios y de las espirales inflacionistas.

 
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